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¿Sientes que tienes espiritualidad misionera?

Luego de la Jornada Mundial de la Juventud, muchos jóvenes han decidido o están por decidirse a formar parte de un grupo de misión y realizar este especial servicio. ¿Pero realmente sabemos lo que implica ser misionero?

La actividad misionera exige una espiritualidad específica, que concierne particularmente a quienes Dios ha llamado a ser misioneros. Esta espiritualidad se expresa ante todo, viviendo con plena docilidad al Espíritu; ella compromete a dejarse plasmar interiormente por El, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo.

No se puede dar testimonio de Cristo sin reflejar su imagen, la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Espíritu. La docilidad al Espíritu compromete a acoger los dones de fortaleza y discernimiento, que son rasgos esenciales de la espiritualidad misionera

Es una expresión de su seguimiento, que consiste en colaborar con el proyecto de Dios de que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.

El misionero es un discípulo de Cristo: Sabe que antes de ser apóstol es preciso ser discípulo, es decir, ha tenido un encuentro vivo, personal con Jesús resucitado y vive cotidianamente en unión con El en la oración y los sacramentos, principalmente la Eucaristía y la Reconciliación. Porque “no se puede anunciar a quien no se conoce”.

Transmite no sólo conceptos y doctrinas, sino su experiencia personal de Jesucristo y de los valores de su Reino. Por ello, el misionero vive profundamente en comunión con Jesucristo, sabe encontrar en medio de la acción, momentos de “desierto” donde se encuentra con Cristo y se deja llenar por su Espíritu. Tiene a María como Madre y Modelo: Su espiritualidad es profundamente mariana. La Madre del Resucitado es también su Madre, y es para él modelo de fidelidad, docilidad, servicio, compromiso misionero.

Vive la pobreza y el “éxodo misionero”: el sentido de “salir de la tierra” para el misionero, no implica únicamente el “salir geográfico”, sino que el misionero sabe que debe abandonar su comodidad y su seguridad para “remar mar adentro”, para ir a las situaciones y lugares donde Cristo lo quiera enviar.

Debe abandonar sus propios esquemas, sus ideas preestablecidas para abandonarse en las realidades que la evangelización le presenten. La pobreza misionera no hace referencia únicamente a la pobreza material, sino al abandono a la voluntad de Dios y a los caminos que El le presente.

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