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Signos de esperanza: Bendición de Jesús Eucaristía a la urbe y al orbe. 

Redacción: Fr. Jorge Luis, OSA

El viernes de la semana pasada fuimos testigos de una celebración litúrgica diferente y extraordinaria, poco usual en la vida de la Iglesia, por lo menos, no en este tiempo. 

Ver al Papa Francisco atravesar la plaza de San Pedro, produjo en mí, muchas preguntas existenciales ¿es nuestra fe, en medio de la impotencia? ¿tanta soledad, pero al mismo tiempo tanta unidad? 

Entonces, parafraseando a una escritora, puedo decirles que sí, nuestra humanidad está agobiada, pero un hombre al que nosotros llamamos Vicario de Cristo, es decir, su representante en la tierra, avanzado en edad. 

De esos que supuestamente el virus puede llevarse, sin un pulmón, cojeando, exponiéndose al frío invierno y a la lluvia, caminó de frente a la cruz, pudo resbalarse, pero no se detuvo; cómo de película, vacía la plaza, en un silencio casi monástico, la gran plaza de las miles y miles de intenciones de tantos cristianos que se acercan a San Pedro para revitalizar la fe, parecía que se paralizaba. Pero este hombre de Dios se acercó nos miró fijamente, nos habló de una tormenta… Que no tuviéramos miedo cómo Jesús, preguntó a los discípulos ¿Por qué tienen miedo?

A continuación, se inclinó ante el Cristo, besó sus pies y con ese gesto entregó las desesperanzas y los agobios de este mundo. Entró a la basílica y mirando profundamente, al Señor en el Santísimo Sacramento, nos recordó que la única paz viene de Jesús, que Él puede hacer nuevas todas las cosas…
Entonces, bendijo a la urbe romana y al orbe entero, no con una bendición sencilla sino con Jesús mismo en sus manos. Que esté signo tan espiritual, nos impulse a ver cada día, en esta nuestra Iglesia la presencia viva de Jesús a pesar de nuestros pesares.

Un abrazo a todos, recuerden no olvidar la celebración litúrgica de ayer, porque no sabemos si volveremos a ver otra ceremonia con tales signos extraordinarios y muestras de afecto y entrega al Dios de la vida.

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