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¡Supérenlo! y atrévanse nuevamente

La fuente de nuestras más intensas satisfacciones es alcanzar aquello que deseamos ardientemente, como amar y ser amados, desarrollar un trabajo creativo y útil que traduzca nuestros intereses y capacidades; como conocer lugares interesantes, contar con el aprecio de buenos amigos, en matrimonio ver crecer a nuestros hijos sana y libremente; como tener la expectativa de un futuro confiable y sentir que podemos construir un mundo mejor.

Al mismo tiempo, esto es la fuente de nuestros mayores dolores, angustias y temores, porque como nadie acierta al blanco con la primera flecha, la búsqueda de satisfacer nuestros más ardientes deseos se convierte, para la inmensa mayoría de nosotros, en un camino jalonado de fracasos, esfuerzos que quedan a medio camino, desilusiones, caminos que se cierran, desencuentros y esperanzas fallidas.

Ese día recibimos una maravillosa buena noticia: la fecundidad de hacer algo por segunda vez, superando el dolor del fracaso, el temor de atreverse nuevamente y las huellas en la conciencia de las esperanzas desgastadas.

En un pasaje bíblico se nos cuenta que Simón Pedro y sus colegas, cansados y frustrados, lavan las redes a orillas del Mar de Galilea, después de una larga noche de esfuerzos que no rindieron fruto alguno.

En el mismo lugar, una multitud se agolpa alrededor de Jesús para escuchar sus enseñanzas. Jesús sube a la barca de Simón Pedro, y continúa sus enseñanzas desde la barca.

Al terminar su prédica, probablemente buscando una experiencia que confirme sus enseñanzas, les pide a los pescadores remar mar adentro y volver a echar las redes. Solo por cortesía, con todo el peso de su fracasada noche y con la máxima renuncia posible, Pedro vuelve a echar las redes, y todos se sorprenden al recoger la mayor cosecha de sus vidas: excesiva, inmanejable, sorprendente y milagrosa.

Ese día, Simón Pedro, el resto de los pescadores y nosotros junto con ellos, recibimos una maravillosa buena noticia: la fecundidad de hacer algo por segunda vez, superando el dolor del fracaso, el temor de atreverse nuevamente y las huellas en la conciencia de las esperanzas desgastadas

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