DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Testimonia un mensaje de amor

La señora Ana Amelia Baena de Taylor, enfermera de profesión, es oriunda de la Isla Colón, con 52 años de casada, 5 hijos, 13 nietos y 1 bisnieto, es un vivo testimonio de fe, constancia, fidelidad y amor, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen y en la comunidad de esta isla.

Su experiencia de fe se ha visto acrisolada por el sufrimiento y la enfermedad; es sobreviviente de cáncer, sin embargo, la enferme-dad ha regresado con más fuerza, y aunque sufre sus efectos, su entusiasmo por la vida, su fe y esperanza no han menguado.

Aprovecha cada situación y actividad dentro de la parroquia para expresar su alegría y darse a los demás. Con una memoria extraordinaria recita poesías larguísimas, como “Para mí, todas son Madres” del Indio Duarte.

Su maravilloso don de preparar y comunicar la Palabra de Dios es su fuerte. Entre sus actividades favoritas están participar de la Comunidad Catecúmena de la Parroquia, es catequista, visita a los enfermos en sus casas (60 años llevando la comunión a los enfermos), en el asilo, todo por amor a Dios y como ejemplo para nuestros jóvenes en el servicio y aposolado laico en la Iglesia.

Recibió su llamado a servir en la Iglesia desde niña, le gustaba participar conociendo al Señor y compartiendo con los hermanos, los pobres y necesitados del amor de Dios.; y muy especialmente, en el hospital donde trabajó hasta jubilarse, con los pacientes y familiares en los momentos difíciles de cirugías ambulatorias .

Para ella, “conocer a los hermanos, enriquecerse con sus dones, aprender de ellos, apreciarlos, y aprender a perdonar es indispensable para conocerse a sí mismo, y para la buena convivencia”.

La vivencia de la visita de los símbolos de la JMJ, para ella fue, “como si el Señor se presentara con nosotros, como si nos mandara un mensaje urgente de amor y consuelo”, expresó.

“Dios es todo para mí, le agradezco por todo lo que me ha dado; mi fe brota de mis labios como un torrente de aguas cristalinas”, expresa.

Quienes la conocen, destacan que su carácter recto, justo, optimista y jovial la convierten en un un ser humano especial, ya que su vida ha tocado la vida de muchas personas en la Isla y más allá.

Según Gabriela Chew, quien es jubilada también y laica asidua a la parroquia, la hermana Ana Amelia es una persona muy cariñosa, comprensiva, tolerante, coopera-dora y servicial. “Nunca se niega, está siempre dispuesta a ayudar en todo; hasta en lo que no sabe; la considero como una hermana mayor por su noble testimonio”, dijo. Nos comenta Chew, que en los momentos de mayor dolor y oscuridad en su vida, Dios ha hecho el milagro de revelarse en ella como luz, guía, fortaleza, consuelo y esperanza que no la deja decaer.

Su mensaje para todos es que la oración, la buena relación con los hermanos, y la tolerancia reconociendo que tenemos defectos y faltas, nos ayudan a perseverar en el camino de Dios y a fortalecer nuestra fe en un Dios cercano, amable y tierno, que no es ajeno a nuestras penas y alegrías.

Artículo anterior

La Palabra narrada a través de imágenes espirituales

Siguiente artículo

Compartamos la oración en familia