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Compartamos la oración en familia

Una cualidad característica de la vida familiar que se aprende desde los primeros años de vida es la convivencia, es decir, la actitud de compartir los bienes de la vida y ser felices de poderlo hacer. Su mejor expresión, es la familia reunida alrededor de la mesa para compartir los alimentos. Al compartir los alimentos, se comparten también los afectos, las anécdotas del día, esto es una experiencia hermosa. En una cena que compartía con diversos grupos pastorales, un niño se me acercó muy serio y me dijo: “en la mesa no se habla”, esto me impresionó, ya que expresaba que en su casa en la mesa no se habla, y si no se habla allí, ¿en qué otro momento lo harán?Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos alrededor de la mesa. El Señor Jesús enseñaba frecuentemente en la mesa, y representaba algunas veces el reino de Dios como un banquete festivo. Jesús escogió la comida como donación de su Cuerpo y de su Sangre como Alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero.

La convivencia en una familia es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en la familia hay algo que no está bien, o alguna herida escondida, en la mesa se habla sobre eso. Una familia que no come casi nunca juntos, o en cuya mesa no se habla pero se ve la televisión, o el móvil, es una familia con poco convivencia y malas relaciones.

El Evangelio leído y meditado en familia es como un pan bueno que nutre el corazón de todos. Y en la mañana y en la noche, y cuando nos sentamos en la mesa, aprendemos a decir juntos una oración, con mucha sencillez.

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