Actualidad

Un estilo y una estructura propia de educar en Panamá y el mundo

A partir del pasado 17 de noviembre de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2019, la Comunidad Lasallista celebra, a nivel mundial, un año jubilar decretado por el Papa Francisco, en honor a los 300 aniversario de la Pascua de nuestro Fundador Juan Bautista de La Salle.

A este período de conmemoración se adiciona, el Año de las Vocaciones. “Con estos dos importantes acontecimientos se da una valiosa oportunidad para reflexionar y contemplar nuestro compromiso con la misión Lasallista”, expresó durante el anuncio del año jubilar, el Hermano, Robert Schieler FSC, Superior General del Instituto de los Her-manos de las Escuelas Cristianas.

Asimismo, convocó a toda la Familia Lasallista a vivir este tiempo a través de obras con-cretas de caridad. “Un año de Jubileo ofrece la oportunidad de expresar nuestra fe a través de acciones concretas a favor de los más necesitados”, agregó.

¿Quién fue San Juan Bautista de La Salle?

Nació en 1651 y falleció el 7 de abril de 1719, un Viernes Santo. Por ser el mayor de 11 hermanos, debió ocuparse de muchos asuntos familiares desde muy joven, ante la temprana muerte de sus padres. A los 27 años fue ordenado sacerdote. En ese tiempo se vio envuelto en la orientación de un grupo de maestros que se ocupaban de escuelas parroquiales.

Posteriormente se desprendió de su canonjía y de su patrimonio durante la hambruna que azotó a Francia entre 1683 y 1684, asumiendo la pobreza que afec-taba a los niños que asistían a sus escuelas.

Casi sin darse cuenta, un compromiso lo fue llevando a otro y Dios lo condujo a fundar una congregación de religiosos laicos (hermanos) dedicados a la educación, sobre todo de los más necesitados. La “obra de Dios” no estuvo exenta de dificultades de todo tipo, tanto internas como externas, que La Salle superó con espíritu de fe, celo y comunidad.

Hoy se le reconoce como un gran innovador de la educación de su tiempo: creó escuelas gratuitas, internados, escuelas dominicales, escuelas normales para la formación de maestros, implementó el uso de la lengua vernácula, y fue autor de numerosas obras pedagógicas y espirituales. El papa León XIII lo canonizó el 24 de mayo de 1900, y en 1950 Pío XII lo declaró Patrono Universal de los educadores cristianos.

La Salle en Panamá

En Panamá, los Hermanos de La Salle llegaron en 1903. A partir de 1904 se hicieron cargo de la Escuela Normal y hasta 1922 di-rigieron 13 escuelas en el interior de la República, entre ellas: David, Penonomé, Los Santos, Santiago, Aguadulce, Pocrí y Taboga.

Por diversas circunstancias, los Lasallistas se vieron obligados a dejar paulatinamente estas es-cuelas, concentrando su misión educativa en los colegios de la ciudad de Panamá y de Colón. Hoy regentan cinco obras en ambas ciudades donde educan a más de 6.000 alumnos, 2.000 de los cuales reciben su educación en forma totalmente gratuita.

Al celebrar el Tricentenario de la muerte de Juan Bautista de La Salle, su filosofía educativa se sigue impartiendo en las comunidades educativas y brindando a los educandos una experiencia del Reino de Dios, aseguró el Hermano Víctor Manuel Cedeño, Director del Colegio La Salle de Margarita en Colón.

Planteó que los centros educativos Lasallistas están llamadas a ser acogedores, inclusivos, alegres, desafiantes y receptivos a las aspiraciones educativas de los pobres. “A través de nuestro propio comportamiento y nuestras políticas educativas, debemos modelar a nuestros educan-dos de tal manera que se sientan inspirados para convertirse en prójimos de aquellos que son despreciados”, enfatizó con un rostro convencido de que este ideal puede alcanzarse.

“El Evangelio, las experiencias y los escritos de nuestro Fundador y las exigencias prácticas a una vida motivada por el Proyecto de Jesús para el Reino de Dios nos desafían a crear comunidades educativas centradas en Cristo”, expresó.

El Lasallista aclaró que para ellos es necesario: “que nuestros corazones se alimenten constantemente de la Palabra de Dios y den respuestas explícitas a las necesidades concretas de los pobres”.

La razón para estar asociados a la misión Lasallista, está clara-mente establecida y es mantener “nuestra única fe en Jesucristo, nuestro único compromiso de descubrir el Reino de Dios y nuestra única vida dedicada a procurar la gloria de Dios”, agregó el Hermano Víctor Manuel.

“La intensidad del fuego que arde en nuestros corazones depende de la intención de cada hermano y de cada colaborador, de cada decisión, de llevar a cabo, juntos, nuestra misión común”, recalcó.

Para el director del Colegio La Salle de Colón, la experiencia visible y el testimonio gozoso como asociación, debe inspirar a los jóvenes a ser hermanos y animar a los educadores a considerar su servicio educativo como un medio para revelar el deseo de Dios de que todo el mundo esté bien, e invitar a los educandos a estar atentos a los susurros del Espíritu Santo.

Explicó que la acción pastoral debe salir fuera del recinto escolar diciendo que “en nuestro quehacer misional, el refugiado, el marginado, y el menospreciado debería también ser el centro de nuestra atención”.

Artículo anterior

Impulsan liderazgo

Siguiente artículo

Motivados para servir