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Un matrimonio casto defiende el amor

Has escuchado decir: “los novios deben ser castos hasta el matrimonio”, esto se puede interpretar, que luego de estar casados se acabó la castidad para la nueva pareja. Y es que hemos hecho una reducción de la virtud de la castidad, como algo netamente para la sexualidad.

Hagamos la prueba, coloca en un buscador web la palabra castidad y chequea en cuantos resultados vincula al plano sexual. Todos somos llamados: sacerdotes, consagrados y matrimonios. Y desde el enfoque matrimonial la castidad no es algo imposible, y lo vemos en la definición: La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. (Catecismo de la Iglesia Católica 2337), es decir encierra todas las dimensiones del ser humano, desde su biología y psicología, también desde su ser social y espiritual.

Ser castos es lograr un estado de bienestar basado en el amor propio, en la entrega incondicional y en la búsqueda de la santidad.

Un matrimonio es casto, cuando vive en la esperanza y la alegría del amor a su conyugue, es centrar su vida en el amor a Dios, y a su prójimo más cercano con quien tiene un vínculo sacramental, a quien se entrega y recibe en una donación verdadera y total en sus pensamientos y afectos, es defender el amor conyugal del egoísmo individual, sintiendo que su vida se enrumba a la plenitud del ser cristianos.

La castidad es un fruto del Espíritu Santo, que nos invita al manejo de mis deseos, al control de mis impulsos, trayendo a mi vida la paz del sentirme libre en el amor a Dios, en el amor propio y en el amor al prójimo.

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