Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá, señala que un nuevo año con justicia social es posible con políticas concretas y compromisos ciudadanos
Redacción
Al comenzar este nuevo año, Panamá se asoma a un amanecer cargado de interrogantes, pero también de posibilidades. No partimos de una página en blanco. Arrastramos heridas sociales, desconfianzas acumuladas y una profunda sensación de cansancio ciudadano. Sin embargo, la fe cristiana no nos permite instalarnos en el lamento ni en la resignación. La fe nos empuja a mirar la realidad de frente y a transformarla.

Decir hoy que la fe no es un refugio para la indiferencia, sino un motor para la transformación, es tocar una fibra sensible de nuestra vida nacional. En Panamá, la tentación del “sálvese quien pueda”, del “juega vivo” y de la viveza mal entendida, ha erosionado la confianza social. No podemos pedir un país distinto si seguimos normalizando pequeñas trampas, silencios cómplices o atajos inmorales en la vida diaria. La conversión que el Señor nos pide comienza en lo concreto: en cómo trabajamos, cómo servimos, cómo cuidamos lo público.
La corrupción, que tanto hiere a nuestra nación, no es solo un problema administrativo o jurídico. Es un pecado que golpea directamente a los más pobres, porque desvía recursos que deberían convertirse en escuelas dignas, hospitales equipados, agua potable y oportunidades reales. Por eso, como Iglesia, no podemos callar. Callar sería traicionar el Evangelio.
A quienes ejercen cargos públicos les recordamos que la autoridad es vocación de servicio, no un privilegio para el enriquecimiento personal. Gobernar es cuidar la vida del pueblo.
Pero este llamado no se limita a los líderes. A cada ciudadano, creyente o no, le corresponde asumir su parte. La ética pública comienza en la ética privada.
Panamá necesita hombres y mujeres de una sola pieza, capaces de decir la verdad, cumplir la palabra dada y rechazar la cultura del atajo.
Que Santa María la Antigua nos enseñe a decir “sí” a la verdad, “no” a la injusticia y “aquí estoy”. Solo así, este año podrá ser verdaderamente un nuevo amanecer.
