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Un santo de nuestros tiempos

50 años se acercan desde aquel 1968 cuando se llevó a cabo en Medellín la segunda Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en medio de un contexto internacional particularmente agitado.

Corrían los años 60’, habían manifestaciones de todo tipo que pedían un mundo más libre y justo, el CELAM decidió comprometerse entre otras opciones, con la causa de los sectores populares de América Latina mediante la “opción preferencial por los pobres”.

Fueron los años del Concilio Vaticano II (1962-65), en el que la Iglesia, liderada por el papa Juan XXIII, daba así un paso fundamental hacia una mejor comprensión del mundo moderno, y se adecuaba a las exigencias de la época.

Fue de ese Concilio que brindaba una nueva identidad a nuestra iglesia, que el joven Héctor Gallego asumió con todas sus consecuencias, inclusive arriesgando su propia vida, siendo ya sacer-dote en nuestro país, a tan solo tres años del mismo, servir al campesinado de Veraguas.

Tres años en los que el sacer-dote colombiano trabajó en Santa Fe, inspirado en aplicar las conclusiones de este documento en el que se habla de la promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de justicia, paz, educación y familia.

Hoy, esa inspiración sigue vi-gente; esa labor pastoral realizada por Héctor se respira en la gente de campo de este pueblo de Veraguas que le recuerdan con amor…

Un legado que sigue vivo

Jacinto Peña recuerda como si fuera ayer el inicio de su amistad con el joven sacerdote. Mirando su actuar, su forma de ser, su cercanía con la gente, con el campesino, con el pobre, pudo comprender que había llegado a su pueblo un sacerdote con verdadera vocación de servicio, un hombre que se mostró siempre gentil, un hombre que realmente testimoniaba lo que hizo Cristo al morir en la cruz… darlo todo por el Evangelio.

“Fue su entrega por el pueblo lo que llamó mi atención; el ver cómo llegaba a la casa de cual-quier campesino y compartía, en lo poco que hubiera…evangelizan-do día tras día, a pie, subiendo lomas, orientando, sirviendo… ese era Héctor Gallego”, destaca Peña.

Este campesino que el próximo mes de agosto cumple 80 años de vida, dice que vio en Gallego lo que no había visto en ningún sacerdote, y su testimonio de vida lo hizo cambiar para tratar de convertirse en un mejor cristiano.

Héctor realmente dedicó su tiempo y su vida a la evangelización; el sacrificio y los recorridos a lugares de difícil acceso eran su diario vivir, y lo hacía con amor, de manera alegre, él mismo se exigía ese patrón de vida cristiana.

“No quiero decir con esto que los cristianos deban maltratarse, sino cumplir hasta donde sea posible lo que Cristo nos enseñó, que es tratar de ser ejemplo para los demás”, resalta Jacinto.

Han pasado 47 años de su desaparición, y Santa Fe aún lo recuerda como si fuera ayer de manera particular cuando se dan injusticias. Hace falta esa voz que no se calló y no dudó en afirmar que la pobreza y la exclusión también constituían una forma de pecado.

Sabía que la explotación continuaría y que la única manera era luchar para liberarse de tales males y alcanzar una mejor calidad de vida. La propuesta fue la creación de una cooperativa para poder hacerle frente al monopolio de tiendas que controlaban las familias poderosas de la comunidad.

La Cooperativa La Esperanza de los Campesinos, continúa de manera pujante en el área de Santa Fe de Veraguas, gracias a Dios, a la voluntad y la fe del pueblo, resalta Jacinto Peña. “La cooperativa sigue dando grandes frutos, pues lleva el control de dos mar-cas de café, el Tute y Santa Fe, así como 9 tiendas de abastecimiento con productos de primera necesidad; todo logrado gracias al mensaje evangelizador del padre Héctor, detalla.

Su recuerdo se mantiene vivo

Los residentes de Santa Fe se organizan cada año para conmemorar la desaparición física del padre Héctor Gallego. Durante esta semana, se han realizado vi-sitas a las emisoras de la diócesis, también se han realizado jornadas de limpieza, y una importante siembra de árboles en la que se abordó el tema del cuidado del medio ambiente.

A manera de integrar más a los jóvenes se llevó a cabo una convivencia en la comunidad con gente de otras provincias que visitan el pueblo, porque ven en el padre Gallego un ejemplo y modelo de vida. Este sábado, realizaron una peregrinación desde la Quebrada de Las Trancas hasta Santa Fe, lugar en el que se celebró la solemne Eucaristía en recordación de este querido mártir de nuestra iglesia.

Héctor, te queremos Santo…

La vida de Héctor Gallego fue vivida a la luz del evangelio y de la entrega a la comunidad, y claro que lo queremos Santo, solo que se nos presenta la dificultad de no saber en dónde están sus restos”, señala el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa.

Son más de 40 años en los que la Iglesia ha clamado por la verdad… “Héctor, ¿dónde estás?… es lo que queremos saber, porque estamos convencidos de que merece el inicio del proceso de beatificación”, destaca.

Monseñor Ulloa asegura estar convencido de que aún hay personas que pueden tener conocimiento de donde están los restos del sacerdote, y encontrarlos sería reconocer su entrega a la iglesia panameña y su vida de santidad.

El Arzobispo se refirió también a la oportunidad que brindará la Jornada Mundial de la Juventud para que los jóvenes del mundo conozcan a Héctor y pueda ser presentado como modelo y testimonio de vida, a los jóvenes que nos visitarán.

Por otro lado destacó al mártir colombiano como modelo de sacerdote… “en esta realidad, en este tiempo, los sacerdotes debemos ver el gran aporte de Héctor y su gran virtud de entrega, para realizar nuestra labor pastoral”, dijo.

La iglesia panameña tiene una deuda con Héctor Gallego. “Insistimos en hacer todo lo posible para que se sepa la verdad, para que su legado jamás lo podamos olvidar y manifestarlo constantemente en recuerdo de su memoria histórica.

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