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Una nueva generación de catequistas: con formación multidimensional

La Iglesia requiere una nueva generación de catequistas, capaces de contrarrestar la tendencia a ser insensibles al amor que predicó Jesús con su Palabra y su modo de vida. Por ello, es necesario que los catequistas vivan la espiritualidad común a todos los cristianos y además la que es propia a su vocación: actitudes espirituales específicas, propias de la tarea catequética: escucha del otro, respeto de la libertad, confianza en la persona, paciencia, espíritu de servicio y de ayuda recíproca.

Muchos autores coinciden en que la formación del catequista debe llevarlo a desarrollarse en varias dimensiones. Por ejemplo, en la apertura a la Palabra y al Espíritu Santo, porque la Palabra es el alimento diario y el Espíritu Santo, quien ilumina la mente para comprender la Palabra. Ayuda a discernir y rejuvenecer un texto, aunque se haya leído mil veces.

El Catequista, además, tiene apertura a la Iglesia, contribuye a construirla y le muestra obediencia, como una manifestación del amor que siente hacia ella. Por lo mismo, tiene apertura misionera, pues sabe velar por los que se van quedando en el camino, e inclusive sale a buscar a los que no van a llegar por sí mismos a la parroquia.

Antes de anunciar la Palabra, el Catequista la hace suya, por eso, la catequesis debe ser una transmisión de la fe que ya ha experimentado. Lo demuestra en la oración, en la preparación de las catequesis, en la paz y en la alegría. Es un sembrador de esperanza, especialmente para tanta gente que vive en soledad, a pesar del mundo ultra-comunicado de hoy.

Por último, el Catequista debe tener un espíritu mariano, que lo atraviesa todo. El catequista tiene que encontrar en la Virgen, la catequista por excelencia, el modelo.  Tiene que tener un espíritu maternal y ser sencillo y humilde, como María. Y por ello, la vida del Catequista es simplemente eucaristía, se hace pequeño para darse a todos en fidelidad a Dios.

La formación de los catequistas comprende varias dimensiones. La más profunda hace referencia a su dimensión humana y cristiana.

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