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¡Feliz Navidad hermanos!

La Navidad conmemora el nacimiento de Jesús en la carne de la Virgen María y es un acontecimiento salvífico para nosotros. Ya el Papa san León Magno decía: “Hoy el autor del mundo ha nacido del seno de una virgen: aquel que había hecho todas las cosas se ha hecho hijo de una mujer que él mismo había creado. Hoy el Verbo de Dios se ha manifestado revestido de carne y ahora incluso se ha hecho visiblemente palpable. Hoy los pastores han escuchado la voz de los ángeles anunciando que había nacido el Salvador”.                                                             

En la Navidad encontramos la ternura y el amor de Dios que se inclina hacia nosotros, hasta nuestras debilidades, hasta nuestros pecados, y se abaja hasta nosotros. Al pasar dos mil años del nacimiento de Jesús, nuestro Salvador, nos podemos preguntar: ¿Cómo puedo vivir yo ahora este acontecimiento tan lejano en el tiempo? ¿Cómo puedo participar fructuosamente en el nacimiento del Hijo de Dios, que tuvo lugar hace más de dos mil años?                                                                      

En la santa Misa de la Noche de Navidad, repetiremos como estribillo del Salmo responsorial estas palabras: “Hoy nos ha nacido el Salvador”. A nosotros, los creyentes, la celebración de la Navidad nos renueva la certeza de que Dios está realmente presente con nosotros. En ese Niño nacido en Belén, Dios se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar ahora, en un hoy que no tiene ocaso.

La Encarnación y el Nacimiento de Jesús nos invitan ya a dirigir nuestra mirada hacia su muerte y su resurrección. La Pascua la celebra como victoria sobre el pecado y sobre la muerte: marca el momento final; la Navidad la celebra como el ingreso de Dios en la historia haciéndose hombre para llevar al hombre a Dios: marca, por decirlo así, el momento inicial.

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