Gracias a la dedicación y entrega de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, el hogar continúa firme en su misión, celebrando 136 años de compromiso con la protección y el bienestar de la niñez más vulnerable del país.
Por Herminia Rivera
Panamá es un país que lucha cada día por crecer económicamente, mejorar la calidad de vida de su población, ofrecer mayores oportunidades a los jóvenes y desarrollar modernas infraestructuras. Sin embargo, detrás de ese progreso existe una realidad que todavía duele y conmueve: en pleno siglo XXI, aún hay niños abandonados, maltratados y privados del amor y la protección de un hogar.
Solo en el Hogar San José de Malambo, ubicado en el distrito de Arraiján, viven actualmente decenas de menores de edad en condición de vulnerabilidad social. Son niños y niñas cuya infancia ha sido marcada por el abandono, la violencia y el abuso, muchas veces provocados por quienes debían protegerlos.
Realidad
“Mamá… papá…”. Son las palabras que pronuncian algunos pequeños, de unos pocos años de edad, cuando cae la noche en las casitas donde viven y descansan bajo el cuidado de personas que, con amor y entrega, les brindan seguridad, ternura y protección. Las cuidadoras acompañan día y noche a estos niños, procurando que nunca les falte un abrazo, una sonrisa o una muestra de cariño.
El hogar es una verdadera obra de misericordia que alcanzó sus 136 años de fundación, manteniendo viva una misión dedicada a proteger a los más vulnerables.

Misión protectora
Al frente de esta labor se encuentra Sor Daisy Supaya Cruz, religiosa hondureña perteneciente a la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Con 10 años de vida religiosa y dos años y algunos meses sirviendo en Panamá, ha asumido con amor y compromiso la misión de velar por los niños y adolescentes que llegan al hogar.
Para Sor Daisy, esta experiencia representa una misión de servicio hacia menores que han sido vulnerados. “Cada persona, en especial los niños, merece vivir con dignidad humana, sentirse amada y disfrutar plenamente de sus derechos como hija de Dios”, expresó la religiosa.
A lo largo de la historia, esta obra ha enfrentado grandes desafíos y momentos difíciles, pero siempre ha logrado salir adelante gracias a la fe, la solidaridad y el apoyo de muchas personas de buen corazón.
Población en el hogar
Actualmente, el hogar alberga a 59 menores de edad, entre niños y niñas, remitidos por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia y por instancias judiciales. Ellos viven distribuidos en cuatro casitas acondicionadas con espacios de estudio, recreación y descanso, donde reciben atención, cariño y acompañamiento constante.
Además de recibir educación en la Escuela San José de Malambo, ubicada dentro de las instalaciones, los niños participan en actividades extracurriculares como natación, banda de música y expresiones folclóricas, permitiéndoles desarrollar habilidades, fortalecer su autoestima y recuperar poco a poco la alegría de vivir.
La escuela
Cuenta con una población estudiantil de más de 400 estudiantes, desde prekínder hasta décimo grado, y cada año son más los padres interesados en inscribir a sus hijos en este plantel educativo; sin embargo, existe la limitante de espacios para albergar a una población mayor en este colegio.
Cuenta con piscina de adultos y piscina de niños, kiosco, salones de informática, gimnasio techado, biblioteca, cancha sintética, la casa clínica y la capilla, que sirve tanto al hogar como a la escuela y que recientemente fue remodelada gracias al programa Espacios que Abrazan, del Despacho de la Primera Dama.
El hogar también cuenta con una granja de autogestión donde se produce miel, huevos y otros cultivos que ayudan al sostenimiento de la obra.

Apoyo de todos
Gracias al apoyo de personas solidarias, esta misión continúa brindando esperanza a quienes más lo necesitan. Sin embargo, las necesidades son muchas y cada aporte puede hacer la diferencia en la vida de un niño.
Hoy, más que nunca, estos pequeños necesitan manos generosas, corazones sensibles y personas dispuestas a creer que un futuro mejor sí es posible para ellos. Porque ningún niño debería crecer sintiéndose solo, abandonado o sin amor.
Orígenes del hogar
El Hogar San José de Malambo fue fundado el 15 de mayo de 1890 por don Manuel Jaén como un orfelinato para huérfanas en la ciudad de Panamá, creado en memoria de su esposa e hija. Desde sus inicios, la obra fue encomendada a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, quienes durante 136 años han mantenido viva esta misión de servicio, protección y acompañamiento a la niñez más vulnerable.
El hogar estuvo ubicado originalmente en el sector de Malambo, (nombre originario de un árbol) cerca de la iglesia del barrio de Santa Ana, y fue precisamente de ese lugar que surgió el nombre con el que la institución ha sido reconocida a lo largo de su historia: Hogar San José de Malambo.
El sector de Malambo es una de las zonas más antiguas y representativas del arrabal capitalino ocupado por los afrodescendientes. A lo largo de los años, se destacó por su riqueza cultural, su sentido de comunidad y su espíritu solidario, convirtiéndose en escenario de importantes obras sociales y de ayuda comunitaria. Allí, el Hogar desarrolló gran parte de su misión, brindando atención y cuidado a generaciones de niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad.
En 1995, la institución fue trasladada a nuevas instalaciones en el sector de Cerro Silvestre, distrito de Arraiján, en busca de un espacio más amplio, seguro y tranquilo que favoreciera el bienestar y desarrollo integral de los menores de edad.
