Curso BíblicoEspiritualidad

Una ventana entre la vida y la Biblia: el camino de Israel: hechos y personajes del AT (ii)

Tercera etapa:  Liberación y Alianza.

Entre el año 1250 al 1200 a.C., el pueblo vive la liberación de Egipto, la caminata por el desierto y la alianza de Dios en el Sinaí.

Protagonizan esta etapa Moisés, sus hermanos Miriam y Aarón, el pueblo, Yahvé-Dios y como antagonista, el Faraón.  Los hechos se desarrollan en Egipto, el desierto y el Monte Sinaí.

Estas historias las leemos en los libros Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Es un período caracterizado por la sensibilización de la realidad de esclavitud, la lucha del pueblo para conseguir su liberación y la realización de la Alianza.

Reconocen a un Dios de los sentidos que oye, ve, experimenta el dolor de los esclavos y baja a liberarlos.

Cuarta etapa:  Las Tribus y Jueces.

Es una época de luchas por la tierra prometida y la organización social igualitaria.  Los protagonistas son Josué, las Tribus y los Jueces (Débora, Sansón, Gedeón y otros), quienes alternadamente organizaron al pueblo.

En los libros Deuteronomio, Josué y Jueces leemos que en esta etapa Dios está con la fuerza de su Espíritu promoviendo su proyecto; y es experimentado como el Dios de los ejércitos.

Quinta etapa:  Los Reyes y Profetas.

Llegamos al momento de la monarquía y el surgimiento de los profetas.  El Reino se divide en Israel al Norte y Judá al Sur; ambos cayeron bajo el dominio de grandes imperios.

Protagonizan esta etapa del 1025 al 587 a.C., los tres primeros reyes:  Saúl, David y Salomón y los profetas Samuel, Elías, Isaías y otros.

Esta etapa se caracteriza por el surgimiento de un modelo de gobierno monárquico, pero Dios siempre está presente en la voz de los profetas, exigiendo justicia y fidelidad a la Alianza.

Y yo seré su Dios

Entre el 1250 al 587 a.C., el pueblo ha vivido momentos difíciles, como la caminata por el desierto, las luchas por el establecimiento en la tierra prometida, las invasiones y el exilio en Babilonia. 

En cada etapa, el pueblo percibió a Yahvé-Dios de una forma diferente:  un Dios de los sentidos que oye, ve, experimenta el dolor de los esclavos; o un Dios de los ejércitos, que los acompañaba en las batallas; o hablándoles a través de los profetas.  No importa cómo lo experimentaron, nunca los abandonó a pesar de sus infidelidades.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

“CHRISTUS VIVIT”

 (198-201)

Arriesgar juntos

EXTREMOS. No nos dejemos llevar ni por los jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que ya no cuenta, ni por los adultos que creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes

No hay que dejarse llevar por aquellos jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que hay que desechar, ni por los adultos que desconfían de los muchachos y creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes.

Vayamos juntos bajo el impulso siempre nuevo del Espíritu Santo.  Si caminamos juntos, jóvenes y ancianos, podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí, frecuentar el pasado y el futuro:  el pasado para aprender y el futuro para alimentar el entusiasmo, suscitar profecías y hacer florecer esperanzas.

Las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas y nos impiden encarnarnos en el mundo actual para hacer algo nuevo.  Son, por el contrario, un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos.

Tampoco sirve que nos sentemos a añorar tiempos pasados; hemos de asumir con realismo y amor nuestra cultura y llenarla de Evangelio.  Somos enviados hoy para anunciar la Buena Noticia de Jesús a los tiempos nuevos.

Hemos de amar nuestra hora con sus posibilidades y riesgos, con sus alegrías y dolores, sus aciertos y errores.

Artículo anterior

Catequesis de inspiración catecumenal

Siguiente artículo

Todos unidos en la atención a los migrantes