editorial

“Velar” es la consigna del Señor

Comenzamos el tiempo de Adviento. Solemos decir que durante cuatro semanas nos preparamos para celebrar con dignidad el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador.

En realidad, el Adviento significa algo más. En este tiempo se resume de alguna manera toda nuestra existencia. El tiempo del Adviento es una hermosa oportunidad para descubrir la virtud teologal de la esperanza. Es una exhortación para que vivamos como los peregrinos que van siguiendo un camino para alcanzar la meta de su vida.

El evangelio nos avisa: “Estad atentos, pues no sabéis cuándo es el momento”. A lo largo del año son muchas las voces que tratan de distraernos. Olvidamos cuál es la meta de nuestro camino.

La esperanza que nos recuerda el Adviento no puede reducirse a un mero sentimiento. Esperar es confiar.

Al principio del Adviento escuchamos con atención esta invitación de Jesús: “Estad atentos, pues no sabéis cuándo es el momento”. Él nos pide que prestemos atención a lo que es verdaderamente importante. Si nos mantenemos en vela, podremos descubrir que el Señor llega todos los días a nuestra existencia. No podemos seguir distraídos por nuestros intereses inmediatos. “Velar” es la consigna del Señor.

La esperanza que nos recuerda el Adviento no puede reducirse a un mero sentimiento. Esperar es confiar. Y confiar es el fruto primero de la fe. En un tiempo de cansancio, como este en que vivimos, se nos pide volver nuestros ojos al Salvador. Y orar confiadamente. La salvación solo puede venir de él.

Si de verdad nos preocupa la suerte de una humanidad dolorida, volveremos nuestros ojos hacia el Señor, implorando su misericordia. El amor se manifiesta en obras. Y también en la seriedad de nuestra oración de intercesión.

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