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Vivir al estilo de Dios, que es en comunidad

Esta semana el Señor nos está pidiendo que abandonemos esta actitud de mandamás, ególatra e individualista que hace daño a la comunidad. Que intentemos ser uno más en el ambiente en el que estamos, y nos dejemos enriquecer por el otro.

La tentación es a creernos jefes de todos. Incluso si lo somos, si nos ha correspondido un papel de liderazgo, el Señor nos está diciendo que para serlo debemos aprender a ser últimos.

Esta semana se nos pide hacer la evaluación correspondiente para caer en la cuenta de que la nuestra no es la opinión más importante ni la única que vale. Nos toca comprender que siempre habrá una verdad mucho mejor y más sublime que la nuestra, y debemos estar abiertos para escucharla. Que la comunidad vale más que la opinión que tengo de ella.

La realidad de la Santísima Trinidad nos habla de comprender la vida en comunidad, la familia, y luchar contra el individualismo.

La otra gran tentación surge de cómo entendemos a Dios. Si nos limitamos al Dios-Padre, Todopoderoso, que lo es, pero excluyendo la realidad del Hijo y el Espíritu, es decir, ignoramos la realidad comunitaria, de familia, corremos el riesgo de caer en la tiranía del soberano, del “monarca” y así actuamos, impidiendo que los otros se expresen en nuestra vida y en nuestros ambientes.

Lo mismo puede ocurrirnos si nos limitamos al Hijo o al Espíritu, y somos indiferentes a todas las demás expresiones del Dios trinitario.

Para dar paso a la vida en comunidad, tenemos que negarnos un poco, sin desaparecer, pero sí permitiendo que los otros sean parte de mi realidad, entendiendo su parecer, aceptándolo como válido, viendo a los demás como lo que son, también hijos de Dios y dignos de amor y del nuestro..

¡Ánimo!

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