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En tu vocación está tu felicidad

Cuando era más chica sentía que mi vocación era una sola: casarme. Era como esos sueños que te haces desde niña y a medida que vas creciendo buscas cumplirlo porque tu pensamiento va dirigido a que es la única forma de ser feliz. Sin embargo, cuando inicié mi caminar pastoral en la Iglesia me di cuenta que casarse no era la única opción que implicaba ser feliz. Ser sacerdote, religiosa, tener un matrimonio o ser soltero eran opciones que todos exploraban en su momento y al final la que los hacia felices era la elegida. Allí descubrí que cada persona tiene una realidad distinta y por ende, una vocación diferente a la que está llamada. Y es aquí donde entra la parte tan linda de este asunto: estamos llamados a descubrir esa vocación para ser felices. Donde está tu corazón alegre y lleno de gozo por servir, allí está tu vocación. Algunos son llamados a ser sacerdotes o religiosas para ayudar de forma permanente a los demás y ser transmisores de la Buena Nueva, otros están llamados a dar vida en medio de la unión conyugal para traer más hombre y mujeres que sean ejemplo en la sociedad y otros son felices en la entrega al servicio, comprometiéndose completamente a la evangelización por distintos servicios pastorales, pero teniendo todo su tiempo y atención en Jesús y los más necesitados.
Hoy la invitación es clara: no tengas miedo de descubrir tu vocación. Parte del proceso de estar en un grupo juvenil consiste en encontrar ese camino de servicio al Señor donde eres feliz, conocer tus carismas y aprender a escuchar tu corazón para que Jesús actúe en ti y te pueda guiar hacia esa vocación anhelada. Ora por las vocaciones y no tengas miedo de abrir tu corazón, Jesús siempre tiene hermosas sorpresas para ti. Bendiciones.

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