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153 aniversario del icono del Perpetuo Socorro

Hace ya ciento cincuenta y tres años que el papa Pío IX, quien era muy mariano y devoto de san Alfonso María de Ligorio, al entregar el sagrado icono de la Virgen del Perpetuo Socorro a los misioneros redentoristas, lo hizo con estas palabras que la tradición oral reza así: “Dadla a conocer a todo el mundo”. El deseo del Papa se ha hecho realidad y sigue realizándose allí donde se encuentra un misionero redentorista. Y es que un hijo genuino de san Alfonso debe caracterizar-se, entre otras cualidades y virtudes apostólicas, por su amor a la Bienaventurada Virgen María.

En todo el mundo, hoy son gran número los redentoristas que en su apostolado dan a conocer la figura tan hermosa, tan dulce, tan llena de gracia, de la Virgen María del Perpetuo Socorro. Una de las advocaciones más amadas de la Virgen María por la cristiandad católica de Oriente y Occidente, sin duda alguna, es la advocación de Santa María del Perpetuo Socorro. La devoción a la Virgen María bajo esta advocación, es la más difundida en el mundo cristiano católico. La historia del sagrado icono de la Virgen del Perpetuo Socorro data de varios siglos, rodeada de gran misterio. La historia empezó en Grecia, lugar de origen del cuadro bendito de la Virgen del Perpetuo Socorro. El redentorista Laurentino Pineda, escribe brevemente sobre la historia del sagrado icono del Perpetuo Socorro: “El Icono del Perpetuo Socorro llega a Roma, desde Creta, hacia el año 1500. Durante casi 300 años está expuesto en la iglesia de San Mateo de la capital italiana, con fama de milagroso. Con la llegada de las tropas de Napoleón a esta ciudad en 1789, la iglesia de San Mateo es destruida y el icono pasa a una capilla particular de los padres Agustinos, y con el tiempo, también al olvido. Por los años 1855 los Redentoristas compran el terreno (donde estaba la antigua iglesia de San Mateo, cerca de Santa María la Mayor) para construir su casa general y “les llega la onda” de que allí había estado expuesto un icono milagroso de la Virgen del Perpetuo Socorro. Encuentran el icono y piden al Papa el poder traerlo de nuevo a su antigua morada. El papa Pío IX accede a esta petición con un encargo: la misión de “darlo a conocer por todo el mundo”. Era el año 1866”. Hoy en día la difusión a esta advocación, en justicia, se les debe a los misioneros redentoristas. Por su predicación y arduo apostolado en los cinco continentes, la devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro tiene focos de irradiación en distintas partes del mundo. Santuarios dedicados a María bajo este tierno y dulce nombre hay en toda Europa y América entera. En Asia, propiamente en Filipinas, hay un imponente santuario. África: en ocho de sus naciones se le rinde culto a la Madre del Socorro. Y en Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) han acogido con mucho amor al Perpetuo Socorro. La devoción crece cada día más y más. Porque las palabras de la misma Virgen María se han cumplido: “Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,48). Sin embargo, hay un gran misterio de amor y muy maternal que rodea a esta bendita imagen, misterio inconmensurable, que lleva a la Madre del Señor a darse a conocer´ por sí misma. Es curioso que en algunos lugares, donde aún no había presencia de los misioneros redentoristas, había ya una imagen bendita de Ella. Tal es el caso concreto en nuestra amada América Central. “Madre del Perpetuo Socorro, Icono de amor”, ruega por nuestra América Central. Amén.

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