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A 50 años de la primera Cita Eucarística arquidiocesana

Empezó con pasos tímidos, en un ambiente de tensión e incertidumbre, pero por la gracia de Dios se ha convertido en un punto de referencia no solo en la Arquidiócesis, sino en todas las diócesis del país que la asumieron como actividad central.

Eduardo Soto P. /Fotos cortesía del Departamento de Liturgia de la Arquidiócesis

Cuatro frutos esenciales va dejando la Cita Eucarística después de cinco décadas, según el análisis de Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá: primero la gran adhesión al Cuerpo de Cristo que tiene la gente, y el año de pandemia lo dejó muy claro cuando la feligresía pedía a gritos poder comulgar y no podía.

Monseñor también anota la fervorosa vida parroquial, lo que ha permitido que las comunidades tengan una vitalidad enorme con Cristo en el centro.

GUÍA Y MAESTRO. Monseñor Marcos G. McGrath, arzobispo de Panamá entre 1969 y 1994, asumió el reto de esta renovación de la Iglesia, para hacerla acorde a las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

También el arzobispo considera como un fruto de esta idea eucarística la fortaleza del laicado, que antes de 1971 no tenía las dimensiones que tiene ahora.

Finalmente hay que agradecer por la gestión logística y de organización que se imprimió desde el principio, en el montaje material de la Cita Eucarística y dio sus frutos más ricos durante la JMJ en 2019.

“Debemos agradecer a la Cita todas estas nuevas formas de ser y hacer Iglesia”, señaló Monseñor José Domingo.

Algo de historia

Para 1971 se vivían momentos de retos y cambios en la Iglesia Universal, y Panamá no escapaba de ello.

En una entrevista publicada en 2012, el padre Fernando Guardia Jaén (Q.E.P.D.), quien formó parte del primer comité organizador, señalaba que a inicios de los años setenta, la fiesta del Corpus Christi en Panamá había languidecido en la arquidiócesis.

“La poca asistencia a la celebración del Corpus en la Catedral, con su tradicional procesión y el urbanismo moderno, hizo que se buscara una forma más actualizada de celebrar”, dijo el sacerdote.

RELEVO. Como diáconos, once años después de la primera Cita, vemos al actual arzobispo, José Domingo Ulloa Mendieta, y al padre Francisco Verar. Con el tiempo se han convertido en puntales de la Iglesia arquidiocesana.

 “Era novicia y participaba de la celebración del Corpus Christi, y se había reducido a una procesión cada vez menos asistida”, señaló a su vez la hermana Margarita Moreno, también fallecida, en aquella entrevista de 2012.

Pioneros de la Cita

Mons. Marcos G. McGrath
Arzobispo de Panamá entre 1969 y 1994. Fue un sembrador de obras e instituciones fundamentales en la Iglesia Panameña, una de las cuales es la Cita Eucarística, la cual fue concebida por él como uno de los principales signos de la pastoral urbana, y como fruto del Concilio Vaticano II del cual McGrath fue uno de los más preclaros participantes, según testimonio del hoy San Juan Pablo II.

Rosamérica De Vásquez
Fue la proponente de la idea. Como laica comprometida con su Iglesia, entendió que la fuerza principal debía obtenerse en torno a Jesús Eucaristía. Doña Rosa América, animada por su gran convicción cristiana, se dedicó con todas sus fuerzas a la promoción de las vocaciones sacerdotales, como bienhechora del Seminario Mayor San José y miembro del Comité de la Cena de Pan y Vino, que apoyó durante 40 años.

Era la época inmediatamente posterior al Concilio Vaticano II, y entre la incertidumbre y la esperanza se enfrentaba el reto de aplicar estas innovadoras enseñanzas, sobre todo en lo relacionado a la pastoral urbana, tal vez una de las más difíciles.

La ciudad

Previendo los retos de aplicar las nuevas luces del Vaticano II en el área urbana, Monseñor Marcos Gregorio (en aquella época arzobispo de Panamá) contactó al teólogo belga José Comblin, quien vino a hablar de la “teología de la ciudad”.

San Miguelito sobre todo estaba en franca efervescencia, y había que canalizar esa energía espiritual de la mejor manera.

Comblin planteaba que en las grandes ciudades se hacía necesario celebrar actos que aglutinasen la ciudad entera como Iglesia, concepto que fecundaba la idea de una magna cita alrededor de Jesús Eucaristía.

Resistencia

Pero no fue fácil dar el primer paso. Monseñor McGrath llevó la idea tres veces al Consejo Presbiteral, y nada.

Había dudas en el clero sobre cuál debía ser el tema central. Unos señalaban a la familia como eje en torno al cual trabajar, y otros pugnaban para que fuera la Eucaristía.

La idea empezó a tomar cuerpo en el Consejo Presbiteral, ente que consultó a los párrocos. Le correspondió al entonces párroco de Santa Teresita, José Dimas Cedeño –quien para mediados de los noventa fue designado Arzobispo de Panamá–, presentar un informe que reflejaba cierto recelo por parte de los párrocos.

Luego de ciertas evaluaciones se llegó a la determinación de realizar la Cita. Monseñor McGrath solicitó al párroco de El Carmen, P. Luis Sasso, que asumiera la dirección del evento.

Irrupción de la pastoral urbana

COMUNIÓN. Panamá se volcó hacia su Dios, y aprendió a apreciar ese tesoro contenido en Jesús Eucaristía.

En 1971, la arquidiócesis de Panamá era un hervidero de hechos sociales y religiosos. Por un lado, la política había irrumpido en la vida de todos de una manera estrepitosa tres años antes, lo que incluso había impactado la vida eclesial con el cambio de arzobispo.

Por otro lado, la ciudad misma se volvía más compleja, con sus problemas multiplicados, y se hacía necesario replantear todo según las luces del Concilio Vaticano II.

Pero ¿y qué es eso de Pastoral Urbana? la teología pastoral y, la pastoral urbana en particular devela la capacidad de las ciudades (las urbes) de revelar la acción de Dios en ellas, y la tarea pastoral consiste en saber leer esa presencia, interpretar sus signos, secundar el paso de Dios por las grandes urbes. En otras palabras, Dios se revela en la ciudad, “Dios habita en la ciudad”.

Algunos lemas de Citas Eucarísticas
–  1971   1972
    “Todo Hombre es mi Hermano”.
–  1976
    “Cristiano, la Iglesia eres Tú”.
–  1980
    “Creemos en la civilización del amor”.
–  1983
    “Abrid las puertas al Redentor”.
–  1985
    “Los jóvenes son la reserva moral del país”.
 –  1990
    “Caminamos y compartimos en esperanza”.
 –  1992
    “Celebramos nuestra fe en Jesucristo”.
 –  1994
    “Familia: iglesia doméstica-iglesia eucarística”.
 –  1995
    “Eucaristía: fuente de vocaciones”.
 –  2000
    “Jesucristo, pan de vida, camino y esperanza para Panamá”.
 –  2013
    “Conmemorando los 500 años de la creación de la primera diócesis en tierra firme, Sta. Ma. La Antigua”.
 –  2019
            “Joven: Atrévete a ser el ahora de Dios”.

LA PRESENCIA. Comunión y adoración, los momentos claves de la Cita Eucarística, que ha provocado en los fieles una adhesión muy fuerte de la feligresía a su Señor.

San Miguelito

La década de los sesenta fue especialmente fuerte en cuanto a migración se refiere. La campiña se fue quedando sin gente, pues familias completas se movieron hacia la ciudad capital buscando oportunidades para sus hijos.

San Miguelito es tal vez la vitrina ideal para entender lo que venía ocurriendo en toda la capital.

Por eso la Iglesia tuvo tan especial cuidado del trabajo pastoral allí, y monseñor McGrath –quien, además, venía de participar en la renovación pautada por el Vaticano II– entendió que había que hacer algo que abriera surcos y sembrara semillas.

Por eso trajo al teólogo José Comblin, quien en 1968 había publicado un libro “Teología de la Ciudad” que marcó la época.

Comblin fue claro al señalar que era necesario mover a la ciudad en actividades de multitudes, en torno a un tema y un objetivo.

Fue así que fructificó la idea de estos eventos que activarían las parroquias en torno al mejor de los temas: Jesús Eucaristía.

Las parroquias

Fue en las comunidades parroquiales donde estaría la clave de la movilización, y fue interesante ver cómo los párrocos, quienes en principio estaban recelosos de hacer una gran movilización como esta, a la postre se sumaron junto con su feligresía con una fuerza estremecedora.

Incluso en los primeros años, cuando la tensión por la desaparición de Héctor Gallego fue corroyendo el ánimo nacional, y sembrando miedo, las muchedumbres parroquiales no se detuvieron. Todo lo contrario, se convirtieron en una fuerza arrolladora.

Recuerda la hermana Margarita que desde San Miguelito y desde otros puntos de la ciudad capital salían los feligreses en caminata hasta llegar al entonces Gimnasio Nuevo Panamá con carteles que preguntaban “¿dónde está Héctor?”.

“Esta pregunta se repitió año tras año, porque teníamos la esperanza de que Héctor iba a regresar”, dijo.

Los laicos

Por supuesto el factor apabullante en la pastoral de la ciudad son los laicos que viven en ella, y que gracias a la Cita Eucarística y los párrocos empezaron a encontrar plataformas de expresión y acción en las parroquias.

Monseñor José Domingo Ulloa lo expresa de manera clara: “lo que la cita nos fue mostrando fue un laicado comprometido, valiente, lleno de ideas y dócil al Espíritu Santo, con una capacidad de trabajo a hora y deshora, en favor de Jesús Eucaristía”.

Lo que vino después, y que desembocaría en la organización de uno de los eventos más grandes de la Iglesia Católica Universal, la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019, tiene su punto de origen ahí, en la Cita Eucarística, explica el arzobispo.

Grupos animados

Tal vez el factor determinante lo puso la Adoración Nocturna del Santuario Nacional. Ellos fueron el eje y motor de la organización, a partir de los cuales se fue armando todo lo demás.

Pero también estuvieron los Bomberos, las Muchachas Guías, el Movimiento Scout, grupos organizados que le imprimieron a la Cita–y le siguen imprimiendo– un carácter de organización y disciplina que ha sido heredado a las parroquias y a los movimientos laicales activos en la arquidiócesis.

El factor «desaparición de Héctor Gallego»

ESTREMECEDOR. La primera Cita Eucarística estuvo marcada por el hecho tremendo del secuestro del padre Héctor en Santa Fe. Todavía hoy este suceso está ligado a este evento doloroso.

El padre Gallego, aunque servía en la diócesis de Santiago en el interior de la república, estuvo en Panamá una semana antes de la primera Cita Eucarística, y acudió a la charla del padre Comblin.

Allí se lo encontró el arzobispo Marcos McGrath, quien le pidió que se quedará en la ciudad, que no volviera a Santa Fe, donde ya le habían quemado su rancho.

Pero Héctor viajó a su parroquia en la montaña, y una semana después lo desaparecieron.

Con ese peso en el alma se llevó a cabo la primera Cita Eucarística, y todas las de la década siguiente y muchos años más.

Con el lema, “Todo Hombre es mi Hermano”, de las dos primeras Citas, algunos pensaron que se eligieron pensando en Héctor, pero en realidad había sido asumido porque era el mismo de la IV Jornada Mundial de la Paz, convocada por el Papa Pablo VI para 1971.

Pero cayó como anillo al dedo, y marcó una ruta.

La primera cita se realizó en un “ambiente tenso”, recordó en 1995 monseñor McGrath, por entonces arzobispo emérito, debido a lo ocurrido con el padre Gallego. Sin embargo, el hecho añadió un mayor interés al evento. “A todos les gustó la primera cita, y la idea generalizada era que de esa manera se iniciaba una tradición”, señaló.

La Cita se hacía en el Gimnasio Nuevo Panamá, como se llamara en aquellos años. Al año siguiente de la primera, debido a la tensión existente por la desaparición de Gallego, se dio cierta renuencia para prestar el gimnasio.

Fue a través del recordado basquetbolista, profesor Eugenio “Yuyín” Luzcando, que se consigue que nuevamente la Cita se pueda realizar en ese lugar, y acudió el doble de feligreses.

Para la hermana Margarita Moreno la desaparición del P. Gallego fue un punto clave en la resonancia del hecho en la comunidad cristiana.

“Definitivamente el contexto socio-político y religioso marcó para siempre la celebración de la Cita Eucarística”, indicó.

Dos laicos que han dedicado casi toda su vida a la organización de la Cita Eucarística

Jorge Enrique Díaz

La Cita Eucarística es la actividad Arquidiocesana que reúne al pueblo de la Arquidiócesis con su Obispo y muchas veces ha estado marcada por momentos críticos dentro de la historia de nuestro país.  El dolor y la controversia generada por la desaparición de Héctor Gallego marcaron las primeras Citas Eucarísticas y crearon una actividad cargada de Fe, de presencia Eucarística, de piedad, de alegría pero también de mucha conciencia de las realidades a veces duras que golpeaban el acontecer de Panamá.

En tiempos de mi escuela secundaria me tocó participar en la Cita Eucarística como parte de la delegación del Colegio,   pero fue alrededor de 1980 cuando, a raíz de haber quedado involucrado en el desarrollo de un grupo juvenil intercolegial de colegios católicos de iniciativa del entonces Vicario de Pastoral, Padre Fernando Guardia Jaén, que me fui involucrando en actividades de apoyo a las gestiones de la Curia y el Arzobispado de Panamá.  Es en ese período que voy quedando apoyando la Cita Eucarística (sobre todo “cargando sillas”) y participando del comité organizador.

Mi labor respondía principalmente a las directrices del padre Guardia y la Hermana Margarita Moreno, quien estaba encargada de la Liturgia de la Curia.

A pesar de que la Cita ya era una actividad establecida, cada Cita era un amplio campo para desarrollar cosas nuevas, propias del reto de ir manejando cada vez más asistentes a la misma.

Los retos eran importantes en un mundo donde las comunicaciones internas y personales eran prácticamente presenciales, lo que exigía mucho tiempo de preparación y muchas reuniones de Comité e intermedias.

La Cita Eucarística fue logrando el interés de muchos fieles, parroquias, instituciones y empresas que se fueron sumando año tras año con apoyos particulares como por ejemplo:

Seguridad interna y perimetral, originalmente coordinada por los Bomberos y la Policía, hoy es la Fuerza de Tarea Conjunta quien apoya y garantiza la seguridad como evento masivo, junto a un equipo interno.  También estaba la seguridad interna del cuido de los bienes que se utilizaban, propios, alquilados, donados o prestados como lo son tarimas, alfombras, sillas, toldas, parales, sogas, banderas, equipo de audio, y los elementos propios de la Liturgia.

Las comunicaciones corrían entonces de la mano de las televisoras locales, quienes apoyaban en la producción y transmisión de la Cita en cadena nacional, tanto para televisoras como para radio.  También la prensa escrita y radial tenía participación y área en la actividad.

En la preparación se congregaban cientos de personas por varios días para montar y desmontar la actividad, donde destacaba el personal de la Curia quienes se mudaban al sitio, grupos juveniles, grupos parroquiales y un sinnúmero de voluntarios de todas las edades. También de empresas particulares que muchas veces apoyaron a la actividad en temas como:  transporte de bienes, servicios de audio,  alimentación del equipo, impresiones de material, suplir las Flores, suplir telas, suplir sillas, suplir toldas, suplir agua e hidratación para el equipo por los días de trabajo, y otras actividades de las muchas que se requieren en una Cita Eucarística.

La coyuntura política durante los últimos años del régimen militar en los años 80, nos llevó incluso a hacer las reuniones fuera del Arzobispado del Marañón, en sitios variados y mantenidos en secreto, para evitar represiones y bloqueos al evento además de la seguridad del equipo y del Obispo, sin embargo, para entonces ya el peso de la Cita Eucarística era tan grande que al menos en la parte formal siempre nos permitieron realizarla aún con solapadas amenazas. 

Un año la Cita Eucarística la organizamos como el Congreso Eucarístico Bolivariano, donde recibimos la presencia de enviados de Santa Sede y de la región bolivariana. En 1983 la celebración a desarrollar fue la visita del Santo Padre Juan Pablo II, evento complejo para la época dadas las limitaciones y la situación local y regional, pero Cita Eucarística había servido para tener un equipo que manejara ese evento.

La Cita Eucarística ha tenido la presencia de los Nuncios Apostólicos de forma regular y en algunos años recientes, de celebrantes invitados del extranjero.  También muchas veces fue acompañada por los obispos de la Conferencia Episcopal Panameña.

Son muchas caras particulares que llegan a la mente, entre muchas otras, de los primeros años de la Cita Eucarística.  Entre ellas algunos recuerdos particulares como lo son, El Arzobispo Marcos McGrath quien impulsa esta iniciativa, El padre Fernando Guardia, la Hermana Margarita Moreno en liturgia e Inés González en la secretaría del Arzobispado, quienes conformaron un trio muy importante en la creación y desarrollo de la Cita. De aquellos años me vienen a la mente nombres como el Teniente Yanguez de los Bomberos, Alberto Howard de sonido, Simón de la Rosa, el Diácono Teodomiro Pino, Inés Bedoya, Cándido Amador, Gladys De La Lastra, Raúl Orillac, el padre Pedro Angulo quien reemplaza al Padre Fernando Guardia y toma la tarea de seguir con la Cita Eucarística y muchas otras caras que aún nos acompañan o se han adelantado a la Casa del Padre.

De la organización en años más reciente el Comité de Cita Eucarística funciona como dependencia del Departamento de Liturgia, donde su director, el padre Rómulo Daniel Aguilar sigue los lineamientos de los Arzobispos José Dimas Cedeño y José Domingo Ulloa para la continuidad de la Cita. El Departamento de Liturgia realiza desde entonces una fuerte actividad de trabajo para llevar adelante al Comité de Cita Eucarística.  De ese equipo, extrañamos a Mayra Villarreal quien goza de la presencia del Padre.  El resto del equipo ha venido trabajando fuerte y animado para coordinar la Cita Eucarística laborando como parte del Comité de Cita Eucarística, el cual involucra a un par de docenas de personas muy queridas y trabajadoras que han hecho posible esta actividad por varios años apoyando con su tiempo y el de las personas y grupos que representan.

De mi reflexión sobre estos años, destaco la experiencia personal de lo que fue involucrarme con la organización de la Iglesia desde que era estudiante de escuela. Esa vivencia que estuvo muy determinada por la Cita Eucarística, pero que tocó también temas como la Campaña Arquidiocesana, el Cristo Peregrino, La encuesta Arquidiocesana, El congreso Eucarístico Bolivariano, la Vista del Papa Juan Pablo II y más recientemente algo de la JMJ2019, producto de aquel espíritu joven que fue impactado por la experiencia de la actividad de la Iglesia por dentro, encontrando que hay un campo enorme para que otros jóvenes se “enamoren”  de este tipo de servicio, un voluntariado que a veces exige muchos cansancios pero que llena el alma de alegría sobre todo cuando el esfuerzo es mayor.

Erick Guerrero M.

En el año 1989 participaba como miembro del recién fundado Club Activo 20-30 Panamá Noreste, cuando recibí el llamado del Padre Fernando Guardia de sumarme como parte de la sociedad civil – miembro de un Club Cívico, en las reuniones de organización de la Cita Eucarística de ese año.  El ambiente social y político del momento planteaba elementos de desasosiego en el pueblo, donde siempre el mensaje de la Palabra y la Eucaristía eran fuente de paz y luz del camino a seguir para toda la Iglesia Católica, en torno a su Pastor Monseñor McGrath.  Mi aporte en la organización como estudiante de ingeniería se enfocó en la parte de logística y tramoya del evento.  Ya para esa fecha, la cantidad de fieles participantes de la Cita Eucarística, sobrepasaba la capacidad del Gimnasio Roberto Durán.  La distribución de los celebrantes ubicaba al Clero a nivel de piso y el altar era en el alero del Gimnasio, ambos comunicados con una larga escalera de madera.  El manejo de masas era controlado por el Benemérito Cuerpo de Bomberos con un grupo de voluntarios liderado por el entonces Capitán Yángüez. Desde el inicio me conquistó la familiaridad dentro de la seriedad que el equipo organizador proyectaba.  Conocí desde entonces al Padre Fernando Guardia, la Hermana Margarita Moreno, la Hermana Inés González, a Maria Inés Bedoya, Kerina Coronado, Diácono Pino, Cándido Amador, Simón De La Rosa, a quienes sería luego dos de mis mejores amigos Jorge Díaz y Adrián Cuevas, más otros tantos que ya conformaban la familia organizadora de las Citas Eucarísticas.

Unos años después y ya como parte del equipo, presento la idea de acercar en el espacio de área sacra, al Clero de forma que se presente un conjunto de celebración litúrgica. Como comenté, el Clero a nivel de piso estaba muy distante del altar al nivel del alero, y no era posible proyectar una visión de conjunto como la que entendí era la celebración de la Eucaristía con su Pastor, Obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas, con el pueblo de Dios.  Esto se consiguió con el uso de contenedores y mesas-chasis. Las inclemencias del tiempo eran mitigadas con el préstamo de toldas cuyos logos de empresas colaboradoras se tenían de tapar. Con el tiempo se consiguió adquirir toldas propias y el área exterior fue cuadriculada para mejorar la administración en el manejo de masas y la seguridad del área. Así fue posible calcular el número de personas que asistían llegando a la cifra de 25,000 personas.  Era realmente asombroso ver desde el techo del gimnasio, cómo se acercaba esta multitud desde horas tempranas, muchos de ellos en peregrinación desde sus templos encabezadas por sus pastores parroquiales como manifestación a Cristo Eucaristía.  Los requerimientos eran cada vez mayores dada la cantidad de aspectos vinculados a una celebración campal de este tipo. Desde ese entonces se fortaleció el equipo con el complemento en áreas como secretaría, local, seguridad, colecta, arreglos florales, transporte y tramoya. 

Estas condiciones al aire libre, han tenido retos importantes como el organizarla en áreas con total autonomía eléctrica con el uso de plantas eléctricas auxiliares, actualizaciones tecnológicas en comunicación, operación segura ente eventos climáticos como intensas lluvias antes, durante y después de la celebración que requirieron de planificación logística como cualquier proyecto de alta calidad y producción de cualquier empresa.  Pertenecer al equipo organizador de la Cita Eucarística ha sido para mi una experiencia enriquecedora, donde he tenido la oportunidad de identificar y poner mis dones recibidos al servicio de La Iglesia.  Pero el mayor valor recibido es ver cómo se manifiesta el Espíritu una vez su acción va tejiendo cada una de las áreas de organización, hasta llegar al canto de despedida luego de la bendición en cada celebración.  ¡Problemas muchos! ¡Y todos solucionados! cada año en cada Cita. Allí aprendí a poner de igual forma mi trabajo diario en manos de Dios y desde ese momento, todo problema lo resuelvo con lo que me permiten mis limitados talentos y el resto lo hace la mano de Dios.

De 1989 al 2020 se han celebrado 49 eventos de Cita Eucarística.  He participado como en unos 30 de ellos. Lo que nunca me imaginé fue que todos estos años era solo un preparativo para lo que en al año 2019 con el llamado de Monseñor Ulloa y Monseñor Rómulo, pude colaborar como un pequeño diente de un gran engranaje: La Jornada Mundial de La Juventud en Panamá.  Fue hasta ese momento que entendí el camino recorrido y la gran oportunidad con la que he sido bendecido: llevar mi vida profesional y mi familia, de la mano con las tareas que me ponga el desarrollo de mi Fe!

¡Gracias Señor!

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