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Adviento, Navidad y Epifanía: tres ramas de un mismo árbol

Sí, cada tiempo y cada fiesta tiene sus características y su expresión. Pero no hay que dejarse llevar por la ola que pretende dividir, disminuyendo el valor de uno u otro. Los interesados solo en comercio, le quitan al Adviento lo que tiene de maravilloso, para quedarse con la Navidad que es la fiesta que catapulta las ventas y el consumo.

Mucho cuidado, pues. Usemos el ejemplo que nos dan las composiciones musicales, y entendamos estas tres fases como un solo “movimiento”, es decir, Adviento, Navidad y Epifanía forman una única parte en el año litúrgico con idéntica “velocidad”.

Porque estos tres momentos invitan, efectivamente, a moverse. No nos dejemos enga.ar por la publicidad que solo resalta aquello que genera compra y venta, y de alguna manera paraliza aquello que no signifique “ganancia”. Y recordemos, son tres momentos de un mismo gozo: esperar, celebrar y adorar.

Esperar, pero moviéndose

Adviento es el tiempo de la espera. Pero se trata de una espera activa, no pasiva. La actitud es muy diferente a la de quien aguarda un bus o un UBER. En la fe, quien espera se está moviendo hacia quien ha de venir.

Como Zaqueo, quien esperó moviéndose, subiendo al árbol, posando su mirada por encima de la multitud (Lucas 19, 1-10).

El mejor ejemplo es el de quien prepara la cena navide.a. En lugar de sentarse a esperar que llegue la hora de comer, está en la cocina machacando, moliendo, guisando, sudando. Pero también escucha música alegre y, una que otra vez, se refresca con una cerveza fría o una copa de buen vino.

Celebrar

Con el Adviento se pasa a la Navidad, la fiesta de la luz. Es el momento de estar alegres. Pero no se trata de un movimiento hacia dentro de la casa, del coraz.n, intimista. Es una alegría que se dispersa, que recorre la vida y todos los ambientes a nuestro alrededor. Es Dios que asume nuestra carne, y nosotros que ganamos divinidad. Ojo, se trata de un regalo para todos, sin importar .ndole social, racial, cultural o de fe.

Dios en medio de todos

El final del movimiento llega con la Epifanía, cuando adoramos al Dios que levantó su campamento entre nosotros. Incluso la alegría va m.s all., al domingo siguiente después del Día de Reyes, con el bautismo del Señor.

Es el reconocimiento de que el Cielo se top. con la tierra, y todo fue redimido. El muno entero, sin importar las fronteras artificiales que hemos creado, de rodillas ante el Dios hecho hombre, que está aquí para caminar junto a nosotros. ¡Ánimo!

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