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Afectividad: cuidar la felicidad

Como sabemos, queridos jóvenes, la afectividad es un término relacionado con los afectos y los sentimientos. Es la cualidad de ser afectivo. Para la psicología, la afectividad es un conjunto de fenómenos psíquicos experimentados en forma de emociones y sentimientos.

La palabra viene del latín, afectus, que significa afligir, sacudir, alcanzar, ser afectado. “Un conjunto de fenómenos psíquicos que se manifiestan en forma de emociones, sentimientos o pasiones, siempre acompañados de la impresión de placer o dolor, satisfacción o insatisfacción, gusto o disgusto, alegría o tristeza».

Cuidar los afectos es apropiado para quienes entienden la amplitud del significado de la vida.

Aquellos que buscan una vida sana y feliz, con buena moral y buenas prácticas, con relaciones interpersonales ordenadas y de calidad, pasan por las frustraciones, disfrutando de los beneficios de los sentimientos.

Es desde esta perspectiva que los jóvenes necesitamos modelarnos, comprender y experimentar los afectos.

¿Pero por qué esto? Practicar el cuidado de los demás y de los suyos, para vivir más felices. Esa es la respuesta.

Saber cómo acoger o repeler lo que nos afecta ayuda a los jóvenes a desarrollar

algunas habilidades, tales como: dialogar, reflexionar, pensar, cuidar, comprender,

actuar, hablar, escuchar, preguntar, discutir, crear, entre muchas otras.

Eso tiene que ver con ser un cristiano católico que trata y vive con afectos. Somos seres afectivos que viven en contacto con otros. Asegurar la armonía en las relaciones con los demás abre el camino para sentimientos más saludables.

Vivimos en una época de la historia en la que las relaciones humanas son virtuales, superficiales y desafectadas.

Evitar la mediocridad de los contactos personales amplía la calidad de vida y ennoblece a nuestra juventud.

¡Tener y sentir afecto, especialmente cuando somos jóvenes, es cuidar la felicidad!

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