Inicio

Busca la ayuda adecuada para superar el duelo

La negación es la primera reacción que suele tener el ser humano cuando recibe la noticia del fallecimiento de un familiar, pero esta es parte de las emociones  humanas.

Redacción

El duelo forma parte de la vivencias del ser humano. Ya que no solo se vive esta dolorosa experiencia, cuando perdemos a un ser querido, sino cuando perdemos el trabajo, hay  un divorcio, se cambia de residencia, de país, en ese momento se vive un duelo que se puede superar al igual que superamos cuando se pierde a un ser querido que la muerte nos arrebata.

Como cristianos debemos estar conscientes que Dios nos da la vida y Dios es quien también tiene la potestad sobre ella. A veces no entendemos porque murió una persona de una enfermedad terminal, un accidente de tránsito, «si era bueno”, es lo que muchas veces decimos y cuestionamos a Dios, diciendo porqué se llevó si era bueno. Como cristianos debemos apelar a los que nos decide la palabra de Dios, polvo eres y al polvo volverás. Y estar conscientes que la muerte es lo único seguro que tenemos en esta vida.

Pero tenemos una promesa de vida eterna que jamás debemos olvidar, que algún día resucitaremos al igual que Jesús y estaremos para siempre en el paraíso, junto a nuestros seres queridos que han partido antes que nosotros.

Sin embargo, es bueno saber que el duelo tiene varias fases que como cristianos tenemos que vivir y superar en medio de una tristeza que embrague nuestra existencia.

PÉRDIDA. La negación es la primera reacción que suele tener el ser humano.

Fases del duelo

De acuerdo con la psicóloga Mirna Santos, el duelo tiene varias fases por donde  todo aquel que ha tenido una pérdida debe pasar y puede  superar.

La negación es la primera reacción que suele tener el ser humano cuando recibe una lamentable noticia y se produce de manera inmediata, luego viene la ira lo que se decía al inicio nos enojamos con Dios, si el Padre es fuente de Misericordia, pero esta es parte de las emociones  humanas.

Luego viene la negociación, en algunos casos la depresión que debe ser tratada por un profesional y finalmente la aceptación o que comúnmente llamamos la resignación.

Asegura la especialista, que sentir tristeza, dolor, rabia no es malo, todos estos son sentimientos naturales que tenemos cuando estamos afrontando la pérdida de un ser amado. Lo dice el libro del Eclesiastés 3:1-2,4 . «Todo tiene su tiempo», explica las Sagradas Escrituras. «Tiempo de nacer y tiempo de morir… tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse, y tiempo de danzar». El dolor y el sufrimiento no es malo, nos hace fuerte y hace sentir que somos seres humanos, de carne y hueso.

Jesús experimentó mucho dolor antes de morir en la Cruz, su Madre María al pie de la cruz, cuanto no sufrió su corazón de madre, pero ella siguió adelante con el plan de Salvación.

Nos dice el evangelista Mateo 5:4 «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consuelo». Eso nos enseñó Jesús. Hay que confiar en Dios siempre. Que la muerte no sea una excusa para perder también nuestra fe en la misericordia de Dios. Jesús siempre espera por nosotros, conoce muy bien y sabe lo que hay en nuestros corazones, pidamos al Dios vivo que nos envíe su Santo Espíritu  para que nos dé esa fortaleza necesaria para sobrellevar esta situación de duelo que vivimos.

FE. Como cristianos orar pidiendo fortaleza para afrontar tan duro momento.

Con valor y oración

En este tiempo de pandemia, donde hemos experimentado la muerte de familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, hermanos de las parroquias no sentimos tristes , vacíos sin ganas de seguir adelante, pero como cristianos, debemos sacar esa fuerza que nos da Dios a través de la oración, herramienta infalible para vencer la tristeza y la soledad. Orar pidiendo al Padre de la Misericordia que nos haga entender sus designios y que nos haga hombres y mujeres valientes dispuestos a afrontar este duro momento.

Buscar ese refugio, esa paz, que es necesario en este tiempo de duelo el  hablar, desahogarse y contar a otros lo que sientes es parte de este proceso de sanación de aceptación de una pérdida que duele y que por algún tiempo sería doliendo, pero tener esa certeza de que Dios, espera por sus hijos con los brazos abiertos.

Nos reiteró la especialista Santos  que, el duelo se puede superar en la medida que se busque la ayuda apropiada, adecuada, que se reconozca que lo que uno está viviendo es realidad y que esta realidad se puede superar con la ayuda de Dios y los especialistas.

PANDEMIA. Muchos familiares no pudieron despedir a sus seres queridos.

Acompañando a los dolientes

ACTITUD. Aceptar la situación y vivir el duelo con madurez es la etapa final.

La especialista Isabel Calderón, autora del libro “Acompañando a las personas en duelo”, dijo que el ser humano está sumergido constantemente en experiencias de duelo, por separaciones, enfermedades, los hijos que se van de casa, la muerte de un ser querido, estas pérdidas son inevitables y deben afrentarse.

“Aceptar y elaborar un duelo, es una actitud sana que nos pone en paz con la realidad y nos permite adaptarnos a una vida distinta, invertir energías en nuevas relaciones, asumir riesgos y recomenzar la vida”, dijo Isabel Calderón.

El padre Marlo Verar, asesor de la Pastoral de la Salud, quien invitó en una ocasión a la especialista a dictar un taller a los agentes de pastoral, sugirió que también los sacerdotes deben formarse en esta temática, por el acompañamiento a los fieles que sufren una pérdida.

“Cuando profundizamos en este punto, nos damos cuenta que nuestro conocimiento es muy escaso, cometemos muchas imprudencias, faltas de tacto para con las personas en procesos de duelo”, afirmó Verar.

Comentó… “¿Cuántas veces?… algún sacerdote en un sepelio, comete la imprudencia de decir, ¡Si no bajan la tapa del ataúd no empiezo la misa!, con cuanta dureza y poco tanto nos expresamos ante el dolor del hermano”.

Recordó las palabras de la especialista hacia los agentes de pastoral: “Hay que tener actitudes de escucha y comprensión que los habiliten para estar en sintonía con el otro y acompañarlo en su proceso de curación”.

Artículo anterior

Cáritas Arquidiocesana impulsa a mujeres emprendedoras

Siguiente artículo

Radio Hogar, la Voz de tu Iglesia, llega a los 67 años de servicio