CatequesisEspiritualidad

Catequesis con personas marginadas

Comisión Arquidiocesana de Catequesis

JESÚS SIEMPRE SE MOSTRÓ A FAVOR DE LOS MÁS VULNERABLES Y CONTRA LA INJUSTICIA SUFRIDA POR LOS MARGINADOS. POR ELLO, EL ROSTRO DE DIOS QUE EL CATEQUISTA REVELARÁ A ESTE GRUPO, ES EL DE DIOS-AMOR, SOLIDARIO CON LOS POBRES.

La Iglesia tiene el deber fundamental de ponerse al lado de los marginados y excluidos: es la manera de actualizar y concretar el mandamiento del amor a Dios y al prójimo.  Jesús sentía verdadera predilección por los enfermos, pobres, rechazados y marginados por la sociedad de entonces: acogía a recaudadores, prostitutas, samaritanos (discriminados por haberse mezclado con los paganos y adoptado parte de sus costumbres), leprosos (expulsados de la ciudad), viudas, niños, ignorantes (campesinos), paganos, en fin; recibía a los que venían cargados de dolencias y sufrimientos.  Hoy, los marginados son los refugiados, los nómadas, los sin techo, los enfermos crónicos, los drogadictos, los prisioneros, las esclavas de la prostitución, etc.  

Los catequistas debemos acoger y atender a estos marginados, especialmente aquellos que sufren la peor discriminación, que es la falta de atención espiritual.  Así, «la opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria» (EG 200).  Como los anawin de los tiempos bíblicos, la mayoría de los pobres de hoy tiene una especial apertura a la fe en Dios. Por ello, es preciso llevarles el mensaje de que la resurrección de Cristo, es un triunfo sobre la muerte; y que, seguir a Jesús nos llena de esperanza, libertad y gozo. Es el triunfo de la justicia sobre la injusticia. 

El Catequista debe acoger a las personas en situaciones de marginación con un genuino interés y misericordia. En los momentos del primer anuncio y la catequesis, es necesario considerar las diversas situaciones, captando las necesidades y las inquietudes de cada uno, cultivando una relación interpersonal.  Tal como Jesús se muestra disponible a cada persona y se interesa por las necesidades de cada uno: las del alma y las del cuerpo. El acompañamiento de la comunidad es fundamental para testimoniar el amor de Cristo por los marginados. 

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