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Catequesis y primer anuncio

Es claro que estamos en un cambio de época, y por tanto tiene que haber un cambio en la manera de hacer las cosas, en lo que a la evangelización se refiere. Ya el papa Francisco, nos ha hablado al respecto teniendo como base la conversión pastoral. Pienso que este aspecto es crucial y definitivo, porque casi todos (por no decir todos) sabemos por dónde hay que caminar en la evangelización, conocemos la teoría pero bajar esto a la práctica constituye el verdadero desafío.
El cambio de estilo, de la manera de hacer las cosas implica un esfuerzo adicional por parte de cada uno de los agentes de pastoral. Es más fácil quedarse en la comodidad del “siempre se ha hecho así” y contentarnos con una catequesis que no lleva los ingredientes necesarios para que la persona madure en su fe. Es por esto, que la conversión primera debe ser de cada uno de nosotros que estamos involucrados en esta labor evangelizadora.
De manera personal, pienso que el primer anuncio es demasiado importante por la situación que estamos viviendo en la sociedad de hoy. Gran parte de los bautizados, son cristianos, más por herencia que por convicción, más por tradición que por opción. Por tanto, la catequesis debe también tener ese toque de despertar religioso que lleve a un encuentro con Jesucristo y suscite interés por su persona. Y esto, se hace más prioritario en la Catequesis de Adultos, ya que si estos están evangelizados sus hijos y las futuras generaciones serán verdaderos cristianos por la transmisión de fe de sus padres.
Me pregunto si valdrá la pena contentarnos con un cristianismo de masa en el que no se tiene conciencia del compromiso que se adquiere al bautizarse y ser uno más en esta sociedad donde no nos diferenciamos del que no cree. ¿No se estará haciendo más daño bautizando por bautizar? Claro está que la Iglesia no puede negarle los sacramentos a nadie. Ella es madre y maestra, pero también está llamada a crear conciencia de lo que somos: discípulos y misioneros del Señor.
Según algunos pensadores, en algún momento de la historia por venir, el cristianismo será nuevamente minoría y una opción por la cual uno decidirá si quiere vivir esa fe o no. El gran desafío será “hacer atrayente” la persona de Jesucristo que es capaz de colmar nuestra sed y hambre de ser felices. Y todo comienza con el testimonio que demos nosotros mismos como comunidad cristiana, de una vida en comunión, unidad y alegría.

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