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Catequista: 30 años de total entrega

Ana Julia Miranda es docente en la Escuela El Empalme ubicada en la Prelatura de Bocas del Toro. Su vocación como catequista nació en medio de sus tareas diarias como educadora porque al tratar con los niños del colegio notaba que tenían un gran vacío espiritual.

“Les preguntaba sobre Dios y cuestiones de fe y respondían que no acudían a ninguna iglesia. Esto me marcó mucho. Sentía esa necesidad de formarme para servir a Dios y compartirlo en las catequesis”, comenta la educadora en la fe.

Recuerda que una tarde, mientras aseaba la capilla, ahora parroquia Sagrado Corazón de Jesús, llegó el padre Roberto Cirauqui (q.e.p.d.) con una familia indígena procedente de la costa, ellos querían ser bautizados y él les comentó que por madrina, no se preocuparan, y la eligió a ella por encontrarse allí. Esto le motivó más a ser catequista.

Desde hace 30 años sirve como catequista. Sus primeros pininos en la catequesis no fueron de mucha dificultad. Lo cierto es que se preocupaba por estudiar un poco más para estar segura de lo que estaba anunciando a sus catequizandos.

En el 2017 una frase del Santo Padre Francisco en el Congreso Internacional de Catequistas la marcaría más adelante… “La Catequesis, no es un trabajo, sino una misión. Porque es una vocación de servicio en la Iglesia, donde nos desprendemos de todo para servir con amor, ya que hemos de recibido del Señor el Don de transmitir su mensaje”, expresó.

Este mensaje lo hizo suyo y ha sido referente constante en su misión, una misión de amor hacia Dios, sin importar las pruebas del cuerpo, reflejo de su vejez. “Aún el espíritu misionero está activo para seguir formando a más familias, niños, jóvenes y adultos”, asegura.

Ana Julia Miranda da el 100 por ciento en su misión, y así lo reconocen sus otros compañeros de catequesis. “Me siento muy feliz puesto que valoro todo lo bueno y bello de nuestra fe, más siendo un instrumento para proclamar el Evangelio”, indicó.

Destaca la catequista que con la participación de los sacerdotes agustinos recoletos y ahora con el padre Bartolomé Blaj, la formación ha sido más integral para todos, sin embargo, ella considera que hace falta animar a más personas a ser catequistas, especialmente a los jóvenes.

En su mensaje final exhorta a los jóvenes a atreverse a ser catequistas sin temor. “Es una oportunidad, un regalo que Dios nos da para ofrecer a los demás un granito dentro de la inmensidad de los regalos de Dios, para que seamos felices”, acotó.

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