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Con los pies en la tierra

Claro que hay que soñar! ¡Por supuesto que ponemos todo en manos de Dios! Pero hemos de hacerlo con los ojos abiertos y ¡con los pies en la tierra! 

Sumergidos en ilusiones 

Vivir de supuestos, sin acciones concretas para alcanzar los sueños, nos llevan a un mundo de imposibles que tarde o temprano nos provocarán frustraciones.  Es como pretender sacar buena nota en un examen, sin estudiar, sin “quemar pes- tañas” con horas y horas de trabajo previo. A veces tenemos los ideales de los papelillos de colores, esos que se imaginan que son mariposas, pero terminan en el lodo porque en realidad no pueden revolotear. 

Las falsas ilusiones nos hacen mirar por encima a los demás y hasta nos sentimos mejores que Dios. Lo peor es que ‘nos creemos el cuento’. 

Coherentes y trabajadores.

Es cierto que la esperanza es lo último que se pierde. Sin embargo, cuando ese anhelo se basa en la ignorancia o en una exagera- da pretensión, nos puede conducir a una agonía terrible.
Entonces, se basa en el trabajo duro, en la constancia, la disciplina y una buena organización. 

Postdata 

Joven, si llegaste hasta este punto del texto, te invito a pronunciar la siguiente plegaria:

Señor: Tengo tantos sueños que para verla realizados necesito de vida, salud, fe y disciplina. También requiero del amor y del aliento que me dan las personas maravillosas, que aparecen en mi camino.  No sé si todo lo que sueño se hará realidad, pero sí sé que mi vida está en Tus Manos. ¡Y eso es mejor que todas mis esperanzas juntas! 

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