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Coronavirus: una llamada mundial a la humildad

Javier Ordovàs/Catholic.net

Teníamos todo bajo control, estamos orgullosos de nuestro continuo progreso, los avances tecnológicos nos tienen boquiabiertos, el 5G se está implantando, la medicina no deja de progresar, el PIB crece… hasta teníamos nuestra agenda 2030, con todo previsto y organizado, con nuestras prioridades.

Y, de repente, un  microscópico virus, desmonta todos nuestros planes, nos sentimos impotentes, no tenemos capacidad suficiente para combatirlo, miles de personas se contagian y miles mueren, las economías de todos los países avanzados se desploman, los planes de emergencia resultan inciertos e insuficientes. Los más débiles y los más pobres son los que sufren las peores consecuencias.

¿Saldremos de esta? Claro que saldremos pero, espero que un poco más modestos, más humildes.

Ni se me ocurre pensar que nos hacía falta esta situación, claro que no, pero… ahí está, ha sucedido y millones de personas sufriendo y hay un pánico universal.

Seguro que va a mejorar nuestra capacidad para superar este tipo de crisis pero, ¿no podemos aprovechar para mirar un poco más lejos? Es una excelente oportunidad para que humillemos nuestra soberbia, para que seamos conscientes de nuestra limitación, que reconozcamos nuestra debilidad, que nos quede claro que no somos todopoderosos, que somos muy vulnerables.

En los países, como España e Italia, que han padecido gravemente la epidemia están surgiendo reacciones humanitarias ejemplares de solidaridad hacia los demás y, concretamente, hacia los profesionales de salud y seguridad que se tienen que exponer al virus. En estas situaciones se despiertan los mejores sentimientos en las personas.

Tenemos que recordar que Dios y la naturaleza tienen la última palabra, que somos administradores de esta bella tierra pero no sus propietarios.

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