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Debemos dar testimonio de vida en todo momento

Cuando se acercan los carnavales aquí y en muchas partes del mundo, la gente sufre una metamorfosis en su personalidad, es como si en esos días tuvieran licencia para cometer los actos mas bochornosos que se pueda imaginar. El desorden, las palabras y gestos groseros y soeces, o movimientos y apariciones eróticas que rozan lo pornográfico, para colmo transmitidas por televisión.

Son actos donde la moral, el respeto y los valores brillan por su ausencia, frente a los niños que asisten al carnaval con papas, abuelos, y familiares. Se pierde la vergüenza totalmente y creen que esa forma de comportarse es celebrar los carnavales y están muy equivocados.

Con los años ha ido deviniendo en descontrol y permisividad. Abuso de la no vestimenta, lo lúdico se cambió por desnudez y chabacanería, y lo cultural por expresiones que dejan mal parada la dignidad de las personas, principalmente de nuestras niñas, adolescentes y jóvenes, atentando también contra el respeto hacia los espectadores, que ya deben cuidarse sabiendo de antemano a qué clase de “diversión” o “espectáculo” van.

Muchos cristianos católicos se ven tentados a seguir esa conducta, y si no están bien comprometidos con su fe, caen en la tentación, porque el diablo es puerco y ataca al mas débil.

Ahora bien. Los cristianos católicos que dan testimonio diario de su fe, que saben cuanto son dos más dos, en materia moral y espiritual, saben que, ser alegre y divertirse sanamente no ofende a Dios, porque el no quiere un cristiano triste sino alegre, con auténticos valores para serlo, por eso el católico puede participar de estas fiestas de forma diferente al espectáculo que brinda la mayoría. Hay que reconocer que en estos días hay muchas personas que resaltan con mucho respeto nuestras costumbres folclóricas, luciendo con orgullo nuestros vestidos típicos y los que viajan al interior en familia, tienen la oportunidad de ser atendidos en otro ambiente por los moradores de pueblos respetuosos que celebran estos días sin necesidad de perder su dignidad de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios. Celebran el carnaval al son de un tamborito, y sin ingerir licor pueden divertirse en familia sanamente, sin escandalizar a los niños y adolescentes.

El problema de la forma como se viene celebrando la famosa fiesta del dios momo es que las personas han perdido el sentido de respeto hacia los demás y a si mismo y se han apartado de Dios, y por el conflicto moral que vive en estos días, da rienda suelta a toda esa sed de valores que lleva en el alma y no tiene reparo en hacer los actos censurables que brinda a los que lo acompañan en esta loca aventura. Eso no es carnaval, en la lengua de Cervantes se llama, libertinaje, desenfreno de los sentidos. Lo lamentable de todo este espectáculo, que es caldo de cultivo para fomentar en la juventud un camino equivocado en cuanto a comportamiento moral se refiere aunado a lo que la tecnología le ofrece por las redes sociales. Los cristianos católicos tenemos la misión de demostrar a los que se vuelcan a celebrar estos días que nadie les prohíbe hacerlo, siempre y cuando lo hagan con dignidad, cordura y respeto sin tener que arrepentirse después por haber ofendido a la majestad divina de Dios, con sus incoherencias.

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