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“Dios: presente en la educación”

La creencia en Dios es una realidad abrumadora y absoluta de la población panameña, que en su mayoría es católica, y así como todas las demás materias tienen su espacio e importancia en la formación, la Religión también.

Montgomery A. Johnson Mirones, ocds

Vivimos inmersos en una sociedad creciente de personas hipersensibles al fracaso, débiles ante la presión e intolerantes a la crítica constructiva. Una cultura relativizada e individualizada, donde predomina el “yo” o los intereses que más se acomodan a “mis” necesidades. Una sociedad modelada por la influencia de las redes sociales en las que todos pretendemos tener razón en todo, y donde cada uno se vuelve juez y árbitro de cada tweet que se cuelgue. El uso de un lenguaje cada vez más agresivo y sarcástico. Recordemos que el sarcasmo es el hermano mellizo de la grosería. Y, aunque algunos lo debatirán, la libertad de expresión no alcanza el derecho de ofender y contagiar las redes de odio.

Nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Domingo Ulloa, en su homilía de la Pascua de Resurrección, no solo hizo un llamado de atención para aquellos que solo se “educan para una vida eventual”, sino también a lo que él llamó una “sistemática beligerancia del laicismo de ultranza”, una cultura que quiere “poner entre paréntesis a Dios”.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las personas tenemos derecho a la libertad de Religión. Es mi derecho a creer, incluso a no creer. Lo que no tengo derecho, en un país donde constitucionalmente existe la libertad de credo, es a imponer mi creencia por encima de la tuya. El mensaje de salvación de Jesús es abierto para toda la humanidad, con el mismo libre albedrío que instituyó el Padre.

La espiritualidad y/o religiosidad es una dimensión inherente a la personalidad humana. La creencia en Dios es una realidad abrumadora y absoluta de la población panameña, que en su mayoría es católica, seguidos por cristianos de otras denominaciones, y de otras religiones monoteístas y politeístas de Asia: todos iguales en respeto.

Poner entre paréntesis a Dios es quererlo usar, de forma conveniente según mis necesidades, para lo demás entonces lo “veto” de la sociedad porque se convierte en un mensaje de verdades incómodas: tan incómodas que hace 2000 llevaron al Señor a la cruz, y hoy en día lo seguimos crucificando mediante conductas egoístas y relativizadas a mi antojo.

 Educación y Religión
  • FORMACIÓN. Hablar de educación y formación integral, es eso: una integralidad de la formación humana. Así como está la física, está la espiritual y trascendente.
  • La Religión nos pone en el contexto de nuestra situación junto al prójimo y al Altísimo; nos pone bajo la óptica de la igualdad.
  • IDENTIDAD Tengamos presente que profesar nuestra Religión es nuestra libertad y nuestro derecho. Dios es y será, estuvo y estará siempre presente.

Cuando hablamos de educación y formación integral, es eso: una integralidad de la formación humana en sus distintas facetas y dimensiones. Así como está la familiar, la física, la mental, la laboral, entre otras más, está la espiritual y trascendente. Sin embargo, muchos se horrorizan, e irónicamente se rasgan las vestiduras, si se enseña sobre la conexión entre el ser humano y Dios. No hacerlo es privarle al joven de conocer de un mensaje de salvación. Escudarse diciendo que las competencias espirituales son inútiles en la vida es tan erróneo, como decir que no tengo que aprender a tocar la flauta en música porque mi hijo no será músico.

La enseñanza de la Religión nos pondrá las bases de la armonía entre fe y ciencia.

Dios no es un como un abrigo, que me pongo y me quito según me convenga o no tenerlo puesto. Y así, como todas las demás materias tienen su espacio e importancia en la formación, la Religión también. Esta no es solo desde el punto de vista sacramental, doctrinal y litúrgico, sino porque también los seres humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, las competencias de ética y moral. La enseñanza de la Religión nos pondrá las bases de la armonía entre fe y cultura, la fe y la ciencia (que bajo ningún sentido son caminos antagónicos). La Religión nos pone en el contexto de nuestra situación junto al prójimo y al Altísimo; nos pone bajo la óptica de la igualdad que todos somos hijos de un Creador, hermanos. Así, nos favorece el sentido de responsabilidad social y personal, contribuyendo con el bien de la sociedad.

La enseñanza religiosa no ha de confundirse con catequética, puesto que esta trata de una adhesión personal a Cristo, y aquella sobre la identidad y modo de vida cristiano.

Profesar mi Religión es mi libertad y mi derecho. Dios y la Religión no son malas palabras que hay que disfrazar o disimular para ajustarla a una sociedad acomodada. Dios es y será, estuvo y estará siempre presente. La ironía es que sacamos a Dios, pero sí hay tiempo y espacio para lo profano, que en poco o nada edifica mi alma.

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