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En Capira se mantiene viva la esperanza y la fe rindiendo honor a san Isidro Labrador

En Capira se mantiene viva la esperanza y la fe rindiendo honor a san Isidro Labrador

La vida transcurre entre caminos difíciles, trabajo agrícola y largas distancias, pero la fe sigue siendo el corazón que mantiene unidas a cientos de familias que entregan sus plegarias a Dios a través de san Isidro Labrador.

Karla Díaz 

kdiaz@panoramacatolico.com

Son comunidades alejadas del ruido de la ciudad. Sostienen sus vidas con trabajo, sacrificio y una fe profunda en san Isidro Labrador, patrono de los agricultores.

Nuevo Paraíso es una de ellas y el quinto día de novena se celebró en los terrenos de su escuela, a donde asistieron alrededor de 300 personas para celebrar la misa en honor a su santo.

Crescencia Reyes llegó junto a su esposo y sus dos hijos desde el pueblo de Las Lajas, a dos horas de distancia. Ese día su jornada comenzó mucho antes de salir el sol.

A pie, así llegaron después de un recorrido para nada sencillo. Los caminos de tierra, las piedras y las quebradas forman parte del trayecto que debieron atravesar para llegar hasta la celebración.

“Allá, todo es camino de tierra. Hay que pasar piedras, quebradas y subir bastantes lomas para poder llegar”, explica.

Pero para Cresencia, el cansancio nunca es un impedimento cuando se trata de honrar al santo patrono de los agricultores. “Venimos para escuchar y participar de la Eucaristía de nuestro patrono san Isidro Labrador, y así agradecerle todas las bendiciones que hemos recibido”, afirma con emoción.

En medio de la incertidumbre que viven varias comunidades de las montañas de Capira ante futuros proyectos que podrían afectar directamente sus hogares y tierras, la fe las sostiene.

La familia vive de la agricultura, como muchas otras comunidades de las montañas de Capira. Crescencia asegura que su devoción nace de lo que lleva en su corazón por San Isidro.  “Él es para nosotros motivo de bendiciones, salud y fe”, expresa.

Aun en medio de las dificultades del campo, insiste en transmitir esa fe a sus hijos, quienes, desde pequeños, aprenden el valor del sacrificio y de la vida comunitaria.

Es nuestro ejemplo

Por su parte, Carlos Cárdenas explicó que la devoción a san Isidro Labrador nace de la identificación que sienten, como familias campesinas, con la vida sencilla y trabajadora del santo.

“Como cristianos creyentes de la Iglesia católica, vemos en San Isidro un ejemplo a seguir. Él fue agricultor, un hombre humilde y sencillo, y nosotros nos identificamos mucho con él porque también somos gente del campo”, expresa.

 

El padre Mirope Polanco fue el encargado de presidir la Eucaristía y recordó con alegría sus nueve años de servicio en estas mismas comunidades. 

 

Para Carlos, participar en esta celebración representa mucho más que una tradición; es una manera de fortalecer la fe familiar y enseñar con el ejemplo.

También destacó la importancia de transmitirles a los niños el amor a Dios. “La importancia está en que ellos vean en nosotros el ejemplo. Que aprendan a vivir la fe, a valorar la Iglesia y a confiar en Dios aun en medio de las dificultades”, señala.

 

La fe está viva

En estas comunidades apartadas, donde la presencia constante de sacerdotes muchas veces es difícil por las distancias, los delegados de la Palabra se convierten en un apoyo fundamental para mantener viva la fe.

“El delegado de la Palabra es quien nos ayuda. Él recibe formación en el centro de formación de San Isidro en Capira y todos los domingos compartimos la Palabra en la comunidad”, explica el padre César De León, quien es el responsable de la parroquia y de las 80 capillas del sector.

 

Una fiesta esperada

La llegada de sacerdotes, agentes pastorales y fieles desde el centro de Capira fue motivo de fiesta para las familias campesinas, que prepararon con esmero el recibimiento, demostrando esa sencillez y calidez que caracteriza a la gente del campo.

El párroco César de León destaca que la parroquia mantiene un trabajo constante en estas zonas apartadas, donde la Iglesia continúa siendo un apoyo espiritual y humano para muchas familias.

“Cada comunidad programada se visita al menos una vez al año, mientras que los delegados reciben formación varias veces al año en el centro de formación y también por zonas”, señala.

Actualmente, el área misionera está organizada en diez zonas pastorales y cuenta con casi cien delegados de la Palabra, muchos de ellos mayores de 70 años, formados hace décadas por el padre Francisco Heinen, misionero que dejó una profunda huella en estas montañas.

 

Las comunidades campesinas enfrentan grandes dificultades económicas y pocas oportunidades de desarrollo.

 

A pesar de la edad y las dificultades, estos hombres y mujeres siguen sosteniendo la vida de las comunidades, animando la oración, organizando celebraciones y manteniendo viva la fe en lugares donde muchas veces el acceso es difícil.

La novena de san Isidro Labrador también se convirtió en un signo de unidad. Hacía varios años que no se realizaba una actividad que reuniera a tantas capillas y comunidades de esta zona misionera. Desde las capillas ubicadas a lo largo de la carretera Interamericana hasta las más lejanas en las montañas, cerca de 380 personas lograron movilizarse para participar de esta celebración comunitaria.