Cuando un joven se encuentra con Cristo, no se queda igual, se convierte en luz, en testigo y en anuncio vivo de que la resurrección sigue sucediendo hoy.
Karla Díaz
kdiaz@panormacatolico.com
Jóvenes provenientes de 24 parroquias de la zona del Carmen reconocieron a Cristo Resucitado como el centro de sus vidas en la Pascua Juvenil celebrada en el Centro Bilingüe Padre Fernando Guardia Jaén, de Pacora.
La jornada se inició con la Eucaristía a las 8:00 de la mañana, presidida por el padre Justo Rivas, asesor de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Panamá, quien acompañó a los jóvenes durante este importante encuentro.
El lema elegido fue: “La resurrección se anuncia y el amor se vive”, el cual marcó el hilo conductor de toda la actividad; un mensaje claro de que la resurrección no se puede callar, y la manera más auténtica de anunciarla es a través del amor vivido en el presente.
“El amor no es un recuerdo del pasado ni una promesa futura; es una acción en el presente. Es el amor el que da vida, el que vence la muerte y el que llena de esperanza al mundo”, dijo el padre Justo durante la homilía.

Formación y vocación
El programa incluyó momentos formativos y de discernimiento vocacional. La primera predicación estuvo a cargo de la hermana Verónica Martel, de la Congregación de Religiosas de la Comunicación Social, seguida de un panel vocacional interactivo donde los jóvenes pudieron conocer y reflexionar sobre las distintas vocaciones dentro de la Iglesia.
La hermana Verónica compartió su mirada sobre la realidad juvenil actual, marcada muchas veces por vacíos afectivos y la búsqueda de sentido.
“Muchos jóvenes buscan llenar vacíos que nacen desde el hogar. El mundo les ofrece caminos fáciles, pero no siempre valen la pena. Nuestro trabajo es acompañarlos para que descubran ese amor verdadero que es Jesús”, expresó.
La religiosa también destacó el papel de la familia, los catequistas y los agentes pastorales en este proceso, afirmando que “no es fácil, pero con la gracia de Dios, todo se puede lograr. Hay que confiar en los jóvenes, porque sabemos que son buenos y pueden volver a esa fuente de amor que es Cristo”, puntualizó.
Posteriormente, se desarrolló una feria vocacional que permitió el encuentro cercano con religiosos y consagrados, creando un espacio de diálogo directo y acompañamiento. La segunda predicación fue dirigida por el hermano Juan Bautista Del Rosario, seminarista verbita, culminando con un momento de adoración al Santísimo Sacramento, y el envío.
La Pascua Juvenil se vivió como un espacio de encuentro, alegría y transformación, donde la juventud no solo celebró la resurrección, sino que asumió el reto de vivirla y anunciarla con su vida.
Al final de la jornada, quedó claro que la alegría del joven no es superficial ni pasajera, sino que nace del encuentro con Cristo vivo, que impulsa, que transforma y que contagia. En medio de un mundo que muchas veces les ofrece caminos vacíos, los jóvenes siguen demostrando que cuando descubren el amor verdadero, son capaces de entregarse con pasión, autenticidad y esperanza.
