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Fiesta de la caridad y la solidaridad

La solemne fiesta de San Juan de Dios en la parroquia Santiago Apóstol de Natá en la diócesis de Penonomé y San Atanasio en La Villa de Los Santos, Diócesis de Chitré, tiene sus orígenes de la época colonial. Son poblaciones que aún mantienen viva esta fiesta de la caridad y solidaridad con los hermanos más necesitados. 

El padre Pedro Moreno, de la Orden San Agustín, conocedor de la historia del Santo, recuerda que muere un 8 de marzo de 1550 dejando una estela de santidad, sacrificio desinteresado por la humanidad redimida y una Or- den de Hermanos Hospitalarios esparcidos por los cinco continentes. 

“La presencia de estos frailes data de 1596, cuando llegan a Panamá. Pero no fue hasta 1670 que fundaron los hospitales de Natá y Santiago, La Villa de Los Santos y Parita, y antes de la independencia, los de Remedios y Alanje” rememora el sacerdote. 

Diócesis de Chitré 

La Villa de Los Santos se convierte en un hervidero de personas que dan y que reciben donaciones. Es la fiesta del com- partir. El momento central de la celebración es la Eucaristía “para reafirmar que Cristo es el más solidario, se hace presente y se da como alimento para el alma y el cuerpo”, indica el padre José (Chemita) Rodríguez. 

Terminada la Eucaristía, se les da un almuerzo, a todos los hermanos más pobres, al tiempo que se les regala ropa, bolsas de comidas y enseres de primera necesidad. 

A esta gran celebración llegan feligreses de distintos rincones de las comunidades más alejadas de la diócesis. Se trata de la fiesta del compartir con los más necesitados, que la han vivido por mu- chas generaciones. 

Esta tradición de imitar la bondad del santo de los pobres fue continuada por el pueblo de La Villa, siendo las más reconocidas: Gregoria Iglesias, Rafaela (Fela) López, y Ana María More- no (Sierva de Dios), como las que cumplieron el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo, resalta el padre Moreno. “Anita Moreno por medio de su pariente Celia Díaz lleva la fiesta de San Juan de Dios al pueblo de Macaracas donde actulamente se celebra la fiesta del santo de los pobres”. 

Asimismo destaca que los testigos oculares de la obra caritativa de estas tres mujeres confirman el abnegado amor por lo pobres, que transmitieron a otras generaciones y aún se mantiene vigente. 

Díócesis de Penonomé 

Los sacerdotes en sus predicas de las novenas resaltan las virtudes de este gran santo y en la solemnidad se hace un llamado a los valores dentro de la familia, pues desde allí es que se empieza a vivir la santidad. Y hay un valor importante que se debe inclucar en el seno familiar: la solidaridad. 

Y a este valor apunta esta celebración. Maikeli Añino, quien forma parte de la pastoral de la Salud en la Capilla San Juan de Dios, en Natá, señala que quien entrega también recibe. Recibe amor, agradecimiento.
“Todos los años muchas personas de extrema pobreza de poblaciones muy alejadas de Coclé, y otras provenientes de provincias cercanas reciben medicinas, alimentos, herramientas, colchones, equipos para personas con discapacidad, sillas de ruedas y andaderas”, describió. 

Empiezan a llegar desde el 7 de marzo a la Casa del Pueblo de Natá, en donde se hospedan. Llegada la noche hay una fogata cuyo significado es dar calor y abrigo al necesitado. De esta manera se recuerda al Santo que a través de la fogata calentaba a los enfermos, menesterosas y mendigos que rocogía por las noches”, comenta Fray Pedro Moreno. 

Misa y procesión 

Cada comunidad que celebra la fiesta en honor a San Juan de Dios, inicia con la celebración de la Eucaristía en Acción de Gracias por la entrega y testimonio de las virtudes del Santo de los Pobres. La fiesta familiar con la tradicional procesión con la imagen del santo. 

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