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Iglesia servidora, solidaria y segura es más que un lema

“La Iglesia está más abierta que nunca, más en salida y más activa”. Con esta frase el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, describe lo que está ocurriendo, no solo en la arquidiócesis, sino en el país entero, a pesar de la pandemia. 

Hay un elemento que el Arzobispo resalta: “son los laicos –sobre todo los jóvenes– quienes están en la calle, cocinando y repartiendo alimentos; en los albergues atendiendo población de calle; en los hogares de ancianos y en los barrios, auditando el plan Panamá Solidario, para evitar corrupción y clientelismo”.

El Centro San Juan Pablo II atiende población que vive en situación de calle, a los adictos, trabajadores y trabajadoras sexuales e indigentes a algunos de los cuales da albergue. Son cuatro obras de este tipo en la arquidiócesis.

Pastoral Social  

La situación sanitaria que ha paralizado al mundo y al país, gracias a la Providencia no tomó a la Arquidiócesis por sorpresa, en materia de atención social y promoción humana. Unos meses antes, en enero, se había estrenado una reestructuración de la Pastoral Social-Cáritas, lo que le ha permitido a la Iglesia enfrentar con más agilidad lo que está ocurriendo.

Monseñor Ulloa, quien también está al frente del Consejo de Pastoral Social-Cáritas de la Conferencia Episcopal Panameña, explicó que esta reforma tenía como objetivo “que se dinamice y se visibilice la acción evangelizadora de la Pastoral Social a lo interno y de cara a la sociedad, especialmente para dar testimonio de ser Iglesia en salida, a la que nos llama el Papa Francisco”.

Esta nueva organización es la que ha enfrentado la pandemia desde las obras de misericordia, la promoción humana y la incidencia pública.

Esto no es nuevo ni accidental

Algo que la licenciada Eunice Meneses, directora de la Oficina de Comunicación y Prensa de la Arquidiócesis, deja muy claro de salida es que la presencia de la Iglesia en lo social y humano no es coyuntural, ni producto de la emergencia sanitaria.

“No se trata de organizarnos para abrir templos”, dice Meneses, y agrega: “la Iglesia panameña tiene una larga tradición de servicio y solidaridad a la sociedad en la que está inmersa”.

Por eso, la Conferencia Episcopal Panameña “ha querido dejar claro en la campaña para reabrir las parroquias y capillas, que la Iglesia no es solo segura, también ha sido durante toda su historia en Panamá una institución servidora y solidaria”, remarcó Monseñor Manuel Ochogavía Barahona, obispo de Colón y responsable de Comunicación de la Conferencia.

Y la licenciada Maribel Jaén, Secretaria Ejecutiva de la Pastoral Social Arquidiocesana, usa la observación electoral como muestra.

La auditoría social que hace la Iglesia al programa Panamá Solidario (alimentos y dinero vía bonos), con la intención de evitar corrupción y clientelismo, no es iniciativa coyuntural. Hace más de treinta años la Iglesia forma a los voluntarios en este tipo de trabajo.

Treinta años de camino

Jaén sostiene que la auditoría social que hoy realiza la Iglesia al programa Panamá Solidario, no es accidental ni ocurrente.

“Desde las elecciones de 1989, la Iglesia ha estado haciendo auditoría social mediante la observación electoral”, señaló. Y añadió: “han sido cientos los programas de capacitación a agentes y líderes (…) muchos de ellos hoy están en el servicio de auditoría, con sus propios recursos, en medio de una pandemia, para servir al país”.

La Contraloría General de la República y la Conferencia Episcopal Panameña, a través de la Comisión de Justicia y Paz, firmaron a finales del mes de abril de 2020, un convenio para emprender una auditoría social para facilitar que el Programa Panamá Solidario cumpla con sus objetivos de llegar a la población más vulnerable, sin discriminación, ni partidismo político, ni intereses particulares. 

Obras de Misericordia

Pero la Iglesia, en estos últimos meses, también ha mostrado su rostro solidario.

El comedor Santa María del Camino, que marca el primer paso de la creación de una Fundación de asistencia y promoción humana (Opus Christi), ofrece 1, 500 platos de comida diarios, que 150 voluntarios reparten cada día.

El programa de atención San Juan Pablo II, que asiste a población de calle, adictos, sexo servidores y servidoras, y albergue para desamparados, es otro de esos perfiles que tienen a la Iglesia en salida, más allá de un lema.

COMIDA. En las parroquias y unidades pastorales se están preparando miles de platos diarios, gracias a personas que donan su tiempo y su talento.

La Pastoral Social-Cáritas, de la Arquidiócesis, tiene muchos rostros facilitadores:

• Comedor Solidario Santa María del Camino, con cientos de voluntarios que organizan, cocinan y distribuyen alimentos a personas afectadas.

• Fundación San Juan Pablo II, con 4 centro de atención a población de calle, adictos, servidores y servidoras sexuales y personas con problemas emocionales. 

• Migrantes y ancianos atendidos en el Hogar Luisa y el Hogar San José. Todos éstos son solo algunos programas.

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