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Importancia de la ternura en el matrimonio

Hace 32 años que estamos casados y cuando uno mira hacia atrás ve cuánto más provecho podía haber sacado del matrimonio como sacramento y misión.

Miguel y Charo 

Después de cinco años de noviazgo, con más de mil kilómetros que nos separaba, por fin se hizo realidad. Y después, los momentos de mayor gozo han sido los nacimientos de nuestros hijos. Aquí pienso que también debe ser una decisión bien meditada, siendo conscientes de que ser padres requiere de una gran dosis de generosidad. No quiero decir que no se tengan hijos -esto es absurdo para el verdadero amor-, sino que ese amor, maduro y sacrificado no se improvisa, y es necesario prepararlo.

Otro gran motivo de felicidad en nuestra vida es tener un hijo preparándose para el sacerdocio, aunque en un principio nos resultase muy difícil la separación -sólo tenía once años cuando se fue al centro vocacional-. Y, como es lógico, en aquella tierna edad, tener que vivir sin su compañía fue duro. Pero cuando ese dolor se lo ofrecimos a Jesús para que perseverase en su vocación, Él supo endulzar aquel trago amargo. Y además se lo encomendamos a la Santísima Virgen -lo hacíamos constantemente-, de modo que yo, como madre, tenía una gran paz interior y la certeza de que la Virgen, mucho mejor que yo, lo confortaría en todo momento.

DIFICULTADES. Superadas rezando mucho.

Han sido varios los momentos difíciles en nuestra familia: la enfermedad de otro hijo, con sólo doce años, de un tumor en el maxilar superior. Por un momento creíamos que podríamos perderlo… y luego tuvimos la alegría de que, gracias a Dios, se recuperara del todo (llega uno a pensar que el Señor cuenta con él para algo importante… hacen falta buenos cristianos).

Otro momento, muy difícil para todos en la familia, fue la caída de nuestro hijo mayor – aunque sólo era un adolescente- en el mundo de la droga. Ha sido lo más duro que nos ha podido pasar, es como si a todos los que formamos la familia nos faltase algo. Parece que ha muerto, pero sabes que está vivo… ¡Duele mucho! Hace falta mucha fe en “Quien todo lo puede” para que te ayude a asumir este gran problema y sólo cuando somos capaces de no desesperarnos sino de confiar en Dios, esperando en su misericordia -siempre presente de alguna forma con nosotros-, es así cuando podemos darle muchas gracias porque nunca nos abandona.

Mantenerse unidos

PERSEVERANCIA. Es la virtud que les permite mantenerse juntos a pesar de las tormentas. (Foto Jonatas Domingos)

Las dificultades las hemos superado con mucha confianza en Jesús y rezando mucho. Mantenerse unidos ante las dificultades es la mejor manera para afianzarse en la fuerza del sacramento del matrimonio. Muchas veces me pregunto cómo después de tantos años de matrimonio aún seguimos buscando la forma de darle sentido a nuestra unión, superando dichas dificultades, y la respuesta sólo la encuentro en el amor de Dios hacia nosotros. Creo que Él ve nuestro intento de superación y nos compensa con su ayuda.
Ahora nos une Dios, y también la fuerza que da el haber sido capaces de superar momentos personales de desaliento, habiendo tenido que renunciar a uno mismo en muchas circunstancias, cosa que -dicho sea de paso- hay que hacer continuamente.

Si volviera a empezar cuidaría más la preparación al matrimonio, concientizándome que dicho matrimonio tiene que ser siempre cosa de tres: sin Jesucristo en medio no es igual.

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