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La Biblia en nuestro diario vivir

La Ley 26 del 10 de julio de 2007 declara que cada año el mes de septiembre será conocido en Panamá como “El Mes de la Biblia”. La intención del legislador fue conservar, divulgar y promover la moral, la tolerancia, la justicia, la fe, la reconciliación, la paz y el amor al prójimo que tanta falta nos hacen. 

Pero, estemos claros, la idea no provino de la política partidista, aunque hay que aplaudir la iniciativa parlamentaria. Tiene su raíz en la práctica católica, que desde principios de los noventa en el siglo pasado escogió septiembre para resaltar la importancia de la Palabra, por conmemorarse la solemnidad de San Jerónimo, santo que tradujo la Biblia del griego y del hebrero, al latín.

Las Sagradas Escrituras son verdadero fruto del Amor de Dios. Han inspirado a la humanidad a lo largo de tres mil años, dejando constancia del acompañamiento del Padre en nuestra Historia. La verdadera esencia del saber es comprender que todo el conocimiento humano, filosófico, político, cultural, educativo se puede visualizar en este conjunto de libros inspirados. Dios se reveló al hombre desde los primeros momentos de la humanidad. Se hizo el encontradizo a partir del primer instante, y ha caminado a nuestro lado siempre, propiciando la Luz que todos necesitamos para reconciliarnos con Él. Para gozar de esta constancia, ahí está la Biblia, donde Dios se revela. Acudamos a este tesoro con la conciencia de que hay que prestarle “la obediencia de la fe”, para que asistidos por el Espíritu Santo, nos convirtamos a Dios (DV 5). Sepamos que “El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo” (DV 25), y ellas por sí mismas tienen poder. Hace falta la voluntad del ser humano, pues claro, se necesita para dar el paso, pero es el Espíritu el que “mueve el corazón” y nos da “a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad”.

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