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La eternidad: una misión familiar

La eternidad: una misión familiar

Una reflexión sobre el dolor, la esperanza y el amor en la vida familiar, inspirada en la fe cristiana y en la promesa de renovación espiritual que ofrece Dios, aun en medio de las pruebas y las pérdidas.

 

Por Vilma Calderón

“Dios secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte ni pena, ni queja ni dolor, porque todo lo de antes pasó. Y el que estaba sentado en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’”.  Apocalipsis 21, 4-5

Muchas son las situaciones en la vida de pareja y de familia en las que hay lágrimas y tristezas. El dolor llega a tocarlos de diferentes formas y en diferentes momentos. Situaciones en las que hay quejas y desilusiones, una noticia que causa tristeza, malestar que origina una lesión; sufrimiento, o una herida emocional que lleva a la muerte espiritual en la que no se siente nada. Hay indolencia, sin acción ni calor hacia el otro. Entra la queja, llega la pena, la depresión.

Una situación de duelo que entra en el seno de la familia por medio de la pareja o de un hijo. Pueden ser los vicios, las situaciones que ensucian o empobrecen la relación y llevan a la ruina al hogar; el odio o la antipatía muy fuerte entre la pareja o sus miembros, llevándolos al dolor y al alejamiento. Enfrentamientos que solo acaban cuando muere el motivo o la lucha; cuando hay perdón y se sana la herida, el verdadero arrepentimiento de los pecadores arrepentidos.

La vida misma es dolor y trabajo, gozos y alegrías. El dolor es como un trabajo: existe en cada nacimiento y en cada muerte; en los inicios y términos de cada momento que se emprende en esta vida terrenal por la que se avanza. Puede entrar por la enfermedad de cualquier miembro de la familia, por la muerte física e indeseable, considerándola un error. La verdadera muerte es la separación de Dios, es no tener fe ni esperanza ni amor.

 

Jesús nos dice: “Yo hago nuevas todas las cosas”, confía siempre en él.

 

Es natural morir para ir al cielo. Lo importante es que cuando llegue la separación de este mundo hayas realizado la misión de la mejor manera posible.

Cuando Jesús dice: “Yo hago nuevas todas las cosas”, créelo que es así. Se puede resucitar a la vida aun después de un dolor intenso que te ha postrado en la tristeza. Dios está en todas las etapas de la vida familiar, inclusive en las más pequeñas. Somos hijos de Dios y nos cuida, nos protege. Fíate de Jesús y de su Palabra. Él puede hacer de tu hogar y de tu cuerpo un nuevo santuario.

Nos dice Carlo Carreto que: “El amor establece vínculos siempre más íntimos y dulces entre los cuales se va diseñando el bordado de la vida”. El amor es la clave. Es la vida misma de Dios. El amor lo vence todo. Lo realiza todo. Lo resuelve todo.

Clama al Señor. Orar por cada uno de los miembros es amarlos. Aunque haya distancias geográficas, la oración los alcanza, porque existe una vida eterna a la que se debe aspirar como pareja, como padres de familia, conduciéndose de manera que todos logren una santificación tal, que el Señor pueda obrar su gloria en todos.