CatequesisEspiritualidad

La iniciación cristiana: un proceso llevado a cabo por etapas

Estamos llamados como cristianos al seguimiento de Jesucristo. Es Dios quien sale al encuentro de cada uno de los hombres y mujeres para hacerle una propuesta de salvación. Este don de Dios realizado en la Iglesia requiere la decisión libre del hombre. Es necesario que el hombre descubra el amor que Dios le tiene y pueda responderle. Por tanto, para lograr esto, se necesita un itinerario evangelizador que ayude en la acogida y maduración de la fe de la persona.
El proceso de iniciación cristiana es un camino que tiene que ser recorrido gradualmente y debe comprender el anuncio de Jesucristo y la conversión; la escucha y profundización de la Palabra de Dios; la experiencia de la oración con la comunidad eclesial; y el compromiso misionero.
Podemos ver con claridad que la iniciación cristiana debe estar articulada en un proceso por etapas. Esto tiene su sentido: es el modo como Dios ha actuado a la hora de hacerse presente en la historia particular de una persona.
Múltiples ofertas puede recibir una persona como propuesta para ser feliz. Como vemos en las etapas del seguimiento de Jesús, hay que iniciar el propio camino de búsqueda de esa propuesta que le dé sentido a la existencia. En este camino habrá que superar las tentaciones que vienen por aquellas propuestas que nos pretenden proporcionar un ideal de vida sustentado, tal vez, en un materialismo o una manera superficial de vivir la vida. Aquí se impone esa reflexión personal para discernir cuáles son los auténticos valores que hará que mi vida tenga una base sólida para recorrer el camino que se tiene por delante con auténtica convicción.
En este punto, entra ese tiempo del anuncio misionero de la Iniciación Cristiana; ese tiempo de búsqueda que quiere hacer la primera presentación del mensaje cristiano en los inicios de la fe del individuo. Ante las ofertas que la sociedad presenta, esta etapa, anuncia la Buena Noticia, presentando la persona de Jesucristo y su misterio de salvación para la humanidad. Es la parte misionera de la iniciación que busca transmitir el kerigma junto con el testimonio de vida cristiana de una comunidad que camina con el Señor, de tal forma, que se propicie un ambiente de acogida que atraiga a la persona y se presente como una oferta atractiva de comunión de amor.

Artículo anterior

Por Jesús, todas las razas y naciones somos hermanas

Siguiente artículo

Introducción a Hechos de los Apóstoles