editorial

La Patria llama

Las últimas semanas han sido por demás intensas en este pequeño país nuestro, lleno de tantos colores y altorrelieves. A medio camino, llegaron las festividades patrias, en el contexto sui generis al que nos obliga pandemia. Han sido días ajetreados, aderezados con la incertidumbre propia de estos días, y la ansiedad característica del fin de año.

En esto estábamos cuando el huracán Eta nos empapó la patria. Nuestros hermanos, en su mayoría del occidente del país, recibieron un duro golpe y hoy necesitan de la solidaridad de todos. La Iglesia que peregrina en las diócesis de David y en la prelatura de Bocas del Toro de inmediato se activó para la organización de la ayuda, y atención a los más vulnerables, principalmente niños de los pueblos originarios.

Hay tres palabras que son claves en estos momentos que vive la nación: generosidad, patriotismo y equilibrio.

El ser panameño –sin ánimo de simplificar– tiene en su núcleo la bondad. Somos todo entrega, solidaridad y ofrenda. Es en circunstancias como la actual cuando cualidad debe sobresalir, y en la semana que termina así ha sido.

El patriotismo es mucho más que un sentimiento. Es una actitud. Es eso que nos vincula a la tierra donde nacimos o que nos adoptó, a su gente, su cultura, su historia y sus afectos. Es el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona por pertenecer a una familia o un clan. Por ese sentido de pertenencia, cada vez que uno de la familia sufre, sufrimos todos y juntos tratamos de levantarnos.

La solidaridad lo que produce de manera inmediata es el equilibrio. Un cuerpo social equilibrado, sin injustas desigualdades, conoce la paz. Actuemos pues para que nuestros hermanos que hoy nos necesitan encuentren en los suyos, un camino para el bienestar y la armonía.

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