Dirección EspiritualEspiritualidad

La vida es siempre un bien

«La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver re- conocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción “Donum vitae” 1, 1). “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado” (Jeremías 1, 5). “Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra” (Salmo 139, 15)». 

«Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral. “No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido”. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. “Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito, el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (“Donum vitae” 3). 

Artículo anterior

25 de marzo, protejamos al niño no nacido

Siguiente artículo

Niñas indígenas y campesinas salen de su tierra con un sueño