Opinión Clero

Las antífonas mayores

P. José-Román Flecha Andrés

En la antigua liturgia hispana, el 18 de diciembre se celebraba la fiesta de Santa María. El pueblo la ha llamado “la Virgen de la O”, porque en las primeras vísperas de esa fiesta se cantaba la primera de las antífonas mayores del Adviento. En ellas se recoge un asombro que en siete días consecutivos va anticipando la celebración del nacimiento de Jesús.

El día 17 en la primera de ellas pedimos a la Sabiduría de Dios que nos oriente en el camino de la vida. La segunda antífona, que se canta el día 18, identifica al Jesús que esperamos con el Dios eterno que libró al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto.

El día 19, la tercera antífona recuerda el tronco de Jesé, padre del rey David, que florece en Jesús como bandera de esperanza para la humanidad. La llave y el cetro que se mencionan el día 20 en la cuarta antífona evocan el poder de Dios, que puede liberar a la humanidad de la oscuridad.

Siete antífonas mayores son confesiones de nuestra debilidad.

El día 21 de nuevo aparecen las tinieblas en la quinta antífona, para subrayar la luz que esperamos del nacimiento y de la presencia de Jesús entre nosotros. El día 22, la sexta antífona menciona al mundo pagano y al mundo judío, para pedir al Rey la salvación de las gentes y la armonía entre los pueblos.

 El día 23 se menciona de nuevo a los pueblos, que esperan la luz y la salvación de Jesús. Él es el legislador definitivo, que es invocado en la séptima antífona con el título sagrado de Emmanuel, o Dios con nosotros.

Son siete cantos serenos y gozosos que nos ayudan a recobrar la esperanza en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

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