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Navidad, tiempo de alegría, fraternidad y solidaridad

La noche de Navidad está muy cerca. Es la fiesta más antigua del cristianismo. Celebraremos “el Amor de Dios entre nosotros” y a la Eternidad que viene a nuestra historia para habitar entre nosotros. La abundancia de signos externos invita a la gran fiesta universal que celebran los cristianos del mundo entero, los no cristianos y los no creyentes. Contemplaremos al Dios Niño que nace de María Virgen en un humilde pesebre.

Navidad es todo un proceso que tiene su inicio en el adviento y finaliza el día del bautismo del Señor. Como cristianos no nos interesa la discusión sobre la veracidad del día exacto del nacimiento del Mesías. Sabemos que se ha cumplido lo anunciado por los profetas y que Él es el Dios hombre prometido por el Padre. Las bellas tradiciones y símbolos navideños como lo son el árbol, los villancicos, las posadas, el pesebre, los regalos, las comidas y regalos expresan la alegría y los sentimientos de fraternidad propios de este tiempo. Lastimosamente, muchos que no han vivido la espiritualidad del adviento, se dejan llevar por el despilfarro y celebraciones sin sentido religioso. Navidad es tiempo de fraternidad, solidaridad, de paz y reconciliación. Es la fiesta privilegiada de la familia. 

Navidad es el “ahora de Dios” que nos invita a mirar a los demás con ojos nuevos, sin menospreciar a nadie, es tiempo para amarnos y perdonarnos. La salvación es para todos sin excepción. Estaremos escuchando varias veces la palabra “hoy” como un llamado a la salvación. “Hoy nos ha nacido el Salvador”, “yo te he engendrado hoy”, “hoy, desde el cielo, ha descendido la paz sobre nosotros”, “hoy nos ha nacido un Salvador”, “hoy una gran luz ha llegado a la tierra”. El motivo es evidente: “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”. Son hermosas expresiones que invitan a la reflexión y profundización interna, a vivir cada día este misterio de amor. Dios viene a la vida de cada uno de nosotros, lastimosamente no todos lo reciben, pero los que se abren a su amor son llamados “hijos de Dios”, que se hace presente en nuestras vidas de una nueva manera adoptando nuestra naturaleza para compartir nuestras alegrías y tristezas.

Navidad es un tiempo para dejarnos contagiar de la alegría y esperanza que proclamaba el profeta Isaías: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande… porque un hijo se nos ha dado”. Vale la pena que como creyentes proclamemos para nosotros mismos la alegría, la paz, la reconciliación y la filiación divina que nos hace sentirnos más hermanos sin rencores ni divisiones.

En el momento del nacimiento de Cristo los pastorcitos acogieron el llamado a la paz que traía el enviado de Dios. Ellos eran muy humildes, no tenían prejuicios, su corazón estaba limpio. El Papa Francisco nos ha dicho: “Fue a ellos que eran considerados como paganos, pecadores y extranjeros a los que el ángel les dice: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11). Esa es la alegría que esta noche estamos invitados a compartir. La alegría con la que, a nosotros, paganos, pecadores y extranjeros Dios nos abrazó en su infinita misericordia y nos impulsa a hacer lo mismo”. Que pasen una hermosa Navidad en familia.

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