Dirección EspiritualEspiritualidad

Niños postrados ante el Santísimo para adorarlo

Sentimientos de todo tipo… alegría, sorpresa, ternura… Ver a un grupo de niños de rodillas ante el Santísimo llena de gozo el corazón de cualquiera. Son los Amigos de Jesús y María, una agrupación con 22 años en Panamá, dedicada a formar niños desde los primeros meses de edad, hasta los 14 años, para que aprendan sobre Jesús, construyan una amistad con él y lo lleguen a amar como su mejor amigo.

La semana pasada tuvieron un encuentro especial: se congregaron para orar y adorar a Cristo, junto a la cantante mexicana Saraí Rodríguez, quien de una manera muy didáctica y vestida de payasita, logró cautivar la atención y el corazón de los niños y adultos que se hicieron presentes en el lugar.

Saraí, quien es además miembro de la agrupación Cielo Abierto, destacó la importancia de inculcar en los niños el poder de la oración, y personalmente siente que Dios puso en ella ese anhelo de Dios, de ser adorado y contemplado, para transmitírselo a los niños de una manera alegre y diferente.

“A través del canto y la oración los niños se identifican; ellos son puros, son lo más blanco que hay, por eso es importante hacerles llegar ese amor infinito de Dios desde que son pequeños, hacerles com- prender que Dios los ama, los escucha y que es su amigo”, destacó.

Agregó que el trabajo con los más pequeños es muy distinto al de los adultos, porque en ellos se ven sueños, anhelos, y aunque muchas veces en su inocencia no comprenden el significado de la adoración a plenitud, siempre es satisfactorio ver sus caritas llenas de esperanza, transmitiendo el amor de Dios.

La payasita realizó actividades con los niños, cantaron, bailaron y se postraron ante el Santísimo. Y sí, hubo lágrimas en algunos rostros, lágrimas de respeto, de humildad, y de amor.

Cabe destacar que en la adoración, la artista mexicana también hizo parte a los papás y adultos presentes, y agradeció el especial acompañamiento que brindan a sus hijos en esta formación espiritual.

Entre ellas, Lina Mouynés, abuelita de María Teresa, una niña de 7 años que asiste a este grupo, quien anima a todas las familias, padres y madres, a que lleven a sus hijos a participar de esta agrupación, para que crezcan y se fortalezcan en la fe.

Artículo anterior

Encuentro generacional y espiritual

Siguiente artículo

Asumen desafíos de la fe en las periferias