DiócesisPenonomé

Novicios agustinos realizan su primera ceremonia de profesión de votos

Bajo el lema del Noviciado: “Heme aquí, Señor, nuestro corazón, en manos de tu Madre”, acuden a María para que sea su compañera al andar y un pilar de referencia para su vida religiosa.

Yoel E. González N. / Geovanny Nurse / Fotos Fr. Ángel Luis Quintero

La Catedral San Juan Bautista, de la Diócesis de Penonomé, celebró la ceremonia de profesión de los primeros votos a la vida religiosa agustiniana, de hermanos novicios del Convento San José de los Frailes Agustinos, presentes en esta región.

En la ceremonia estuvieron presentes ocho miembros, de distintas latitudes entre Centroamérica y Las Antillas. Ellos fueron: Fray José Daniel de la Cruz Q., Fray Carlos Elías Zavala G., Fray José Manuel Araica C., Fray Euribiades Soto Chirú, Fray Walter Antonio Bermúdez P., Fray Octavio Jiménez Santo, Fray Winston Puente Sánchez y Fray Rafael Gallardo Jiménez, quienes dieron su Si a Dios en su primera profesión de votos a la vida religiosa.

UNIDOS. Comparten con la familia agustiniana.

Les acompañaron en esta celebración sacerdotes y vicarios de América Central y Las Antillas, pertenecientes a la Orden de San Agustín. De igual forma, hubo presencia de familiares, amigos y clero religioso para acompañar en la fe y la unidad.

«Estos primeros pasos en la Iglesia van formándolos para pertenecer a la Orden de San Agustín, y servir a  la Iglesia en la que se vive con alegría la vocación», enfatizó Fray Quirilio Matos, Superior del Vicariato de las Antillas.

Ha sido un momento especial de fe, esperanza y alegría para la iglesia, porque los hermanos confesaron la salvación que todos han alcanzado en Jesucristo. Además, representa para ellos, su entrega al Señor, a la iglesia y a la Orden de San Agustín, signo del compromiso que han adquirido en el Bautismo, pero que  ahora vivirán de una forma  más radical.

CELEBRACIÓN. Profesan ser parte de una misión para acompañar en la fe.

El padre Quirilio Matos Batista, Vicario de las Antillas, hizo hincapié en el escuchar el llamado de Dios, que invita a servir y a ser un solo corazón en la comunidad. Sus palabras estuvieron cargadas de optimismo y de invitación a la vida religiosa agustiniana, pensando, para y  por el amor, servir plenamente a su orden, pero sobre todo a los hermanos.

Al finalizar, uno de los profesos expresó el agradecimiento a Dios y a todos por estar presentes en ese momento tan importante y especial para ellos.

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