ComunidadLa voz del pastor

¿DIA DESPUES?

La novedad de la situación en que nos encontramos y sus interrogantes, está poniendo sobre el tapete interrogantes porque la experiencia humana muestra que no es de toda evidencia que en el llamado “día después”, todo será mejor y nosotros también seremos mejores.

El tema no es nuevo en las diversas artes y en la popular cinematografía abundan las imágenes. Por citar dos películas de años atrás que tuvieron buen resultado en las taquillas: “El planeta de los simios” con su terrible final; “Encuentros cercanos del tercer tipo”, ante lo desconocido que irrumpe, ¿guerra y muerte o búsqueda de un aparente imposible de vías de diálogo.

Y en la fe ¿es el Viernes Santo el “día después” del Domingo de Ramos? O ¿el día antes de la Resurrección?

En las discusiones y en los juicios sobre decisiones tomadas en un pasado cercano. ¿había que empezar por proteger, tomar muestras, etc., en médicos, personal sanitario, policías o en la gente? ¿con los que atienden a los ancianos en residencias o con los ancianos? En los vuelos se nos dice que en caso de despresurización primero ponerse la mascarilla el adulto y luego ponerla al niño. 

Es fácil caer en la tentación de juzgar decisiones del pasado con los conocimientos que tenemos hoy, en vez de conocer los de entonces. En política hay situaciones en que hay que tomar decisiones. Se debe exigir que haya sabiduría, prudencia, en la toma de decisión, pero siempre es una apuesta que se hace con los conocimientos y materiales de que se dispone en el momento y con el cuidado de buscar fuentes de máxima competencia, pero había que tomarla y se consideró que no se podía esperar a más información. Eticamente hay que andar con cuidado en el juzgar lo que se hizo en otro tiempo.

Jesús, nuestro Señor y Salvador, todo el amor del Padre para nosotros y la donación del Espíritu Santo, ha constituído una nueva familia teniéndola unos años en una intensa convivencia formativa. Los ha preparado para que vayan por el mundo entero, hasta los confines; una universalidad, una “común unión de los santos” que en la pandemia actual la vemos quizás como nunca. Les ha dicho que no necesitan mochila ni tantas cosas; eso sí, hay que llevarlo a El, su Paz, sus actitudes y actos. Pero resulta que lo mataron; injustamente pero lo mataron y de manera espantosa y extremadamente vergonzosa. ¿Entonces?

La respuesta-propuesta del Padre, la Resurrección. La absoluta e increíble novedad que lógicamente tanto costó encajar a los apóstoles y demás discípulos; no es extraño el buscar afanoso en las Escrituras, como gente piadosa, antecedentes que les ayudaran, de ahí el repetido “como estaba escrito”. Nosotros hoy, sus discípulos, ¿hemos asumido la Resurrección, se muestra en nuestra actitudes y actos, incluso ahora y más en tiempos de pandemia? 

Durante la semana de la Octava de la Resurrección los relatos evangélicos nos mostraron la amorosa delicadeza de Jesús, no de regañar ni reprochar, sino de mostrase con calidez y desaparecer: a nosotros la tarea. Seguirlo ya no como en el lago, como en Galilea, como en lo que va de la Encarnación a la Cruz, ahora aunque no lo veamos, aunque no lo sintamos, aunque estemos en una etapa de desierto o de noche oscura. El Vive y es Vida Nueva, por decirlo con palabras siempre precarias.

Este pasado Domingo, cierre de la Octava y Domingo de la Misericordia, nos mostró más. Reiteró la Paz como la da El, no el simple saludo diario de entonces y de ahora. Nos dio el perdón de los pecados y el Espíritu Santo que nosotros recibimos en el bautismo. Y a Tomás y a nosotros a través de Tomás, mostró más visiblemente, si cabe, el proyecto del Reino de los Cielos para toda la humanidad.

Tomás ama profundamente a Jesús como se muestra en Juan 11,16, pero eso de resurrección no le cabe en la cabeza, quiere pruebas empíricas, algo completamente legítimo. Hoy la ciencia es mucho más que simplemente empírica. Los científicos investigadores, vocacionados, entregados a su trabajo, corren el riesgo de descuidar la vida familiar y otras dimensiones, como la posibilidad de abrirse a la trascendencia; como les puede pasar, guardando las peculiaridades de cada caso, a empresarios o a políticos. Pero el Señor acepta correr el riesgo. Lo que nos dice es que si la ciencia, sea básica o aplicada, sea dura o blanda, como algunos dicen quizás con toque desprecio por ignorancia; si no toca las heridas, si no mete el costado en tanto inocente torturado y condenado por el descarte, el desprecio, la condena a la desigualdad en el acceso a salud, alimentación, educación, vivienda; si no nos abre vías para ser humanos, verdaderamente humanos, sea en nuestro hogar planetario, sea en el Cosmos. ¿para qué?

Lo que dice a esos profesionales lo dice a todos. La vida es para darla. El que no sirve, no sirve. ¿Salir, estar en salida, qué es? Sencillamente olvidarse de sí y abrirse y darse al Otro. Iglesia en salida es meter la mano en el costado, los dedos en las llagas del Otro. Menos preocupada de sí misma y más volcada al que se queda olvidado en el camino de la vida y no sólo para ser hospital consolador y sanador de heridas, sino para ser con toda humildad luz y sal, levadura, sembradora de la buena semilla, removedora de la tierra dura y estéril, que pueda tener cualquier sociedad en cualquier parte hasta los confines de la Tierra.

Cristiano eres tú. Tarea de todos. Feliez Pascua de Resurrección. El Señor nos espera en la Galilea de este mundo y al mismo tiempo camina con nosotros. ¡Es el Señor!

Artículo anterior

¿Pasamos tiempo juntos o tiempo de calidad?

Siguiente artículo

Asignaciones escolares en casa ¿Quién las hace?