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Primer anuncio y conversión

La conversión plena a Jesucristo, previa al bautismo, exige un cambio radical en la vida de todos los que solicitan ser bautizados. En los niños, son los padres y padrinos quienes se comprometen a educar en la fe enseñándoles, principalmente con su propio ejemplo, a vivir los valores evangélicos. Conversión es, pues, renunciar a aquel estilo de vida, costumbres y ambientes que se oponen al Evangelio. Es la respuesta libre y gozosa: “si quiero vivir según los valores cristianos”. Este cambio, sin embargo, no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso gradual de iniciación cristiana, un camino o itinerario que inicia con el kerigma o primer anuncio. 

El kerigma no es más que una predicación misional para suscitar la fe; es el primer anuncio de la buena noticia de que somos amados y salvados por Dios; pero eso sí, es un anuncio lleno de ardor ca- paz de transformar al hombre y llevarlo a la decisión de entregarse a Jesucristo por la fe. Debe resonar en forma contundente la noticia de que “Jesucristo te ama” y “la verdadera felicidad, la que perdura, está en seguir a Jesucristo”. 

Este primer anuncio iba dirigido inicialmente a quienes nunca habían escuchado la Buena Nueva de Jesús; pero hoy se está volviendo cada vez más necesario llevarlo a todas las personas, a causa de las situaciones de descristianización que observamos en la sociedad actual, en la que un gran número de bautizados viven al mar- gen de los valores cristianos. Por ello, hay que volver al kerigma, a aquellas palabras que llegaron al corazón de los primeros cristianos, oyentes de la predicación de los Apóstoles, quienes preguntaron enseguida: “¿Qué tenemos que hacer hermanos?”. La respuesta de Pedro fue: «Conviértanse y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo». 

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