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¿Qué podemos hacer los jóvenes ante la crisis demográfica?

Nos enfrentamos a grandes cambios en el ritmo de crecimiento de nuestras poblaciones. Las sociedades envejecen porque estamos teniendo menos hijos, y con la pandemia la situación se ha vuelto muy crítica.

Francisco José Horna

Una pregunta, de un tema, que preocupa mucho hoy en día. Como mencionas, nuestras sociedades están envejeciendo, y la productividad y el vigor con que solíamos crecer aparenta ver un horizonte frío y oscuro, empeorado por la pandemia.

ESTADÍSTICAS. La población cada vez es más vieja. Las parejas se resisten a tener hijos.

El Papa Francisco inauguró este 14 de mayo los Estados Generales de la Natalidad, para encontrar soluciones a lo que califica como un “invierno demográfico” que vive el mundo. Comparte con nosotros, los jóvenes, la perspectiva de que el escenario es difícil y el futuro incierto, pero también ve una «primavera» en el horizonte.

Para llegar a ella, ofrece tres «pensamientos»: en primer lugar, el don de la vida: «Todo don se recibe, y la vida es el primer regalo que cada persona ha recibido… Estamos llamados a transmitirlo. «La falta de hijos, que provoca el envejecimiento de la población, afirma implícitamente que todo acaba en nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales».

El segundo pensamiento es la sostenibilidad generacional: La historia nos lo enseña con la reconstrucción de la posguerra. «No hubo reinicio sin una explosión de nacimientos». «No podremos alimentar la producción y proteger el medio ambiente si no estamos atentos a las familias y los niños. El crecimiento sostenible viene de aquí».

ABIERTOS A LA VIDA. Los jóvenes tenemos una oportunidad sin igual de revitalizar y lograr renacer nuestra sociedad.

La tercera palabra es «solidaridad». Una solidaridad «estructural», es decir, no ligada a la emergencia sino estable para las estructuras de apoyo a las familias y de ayuda a los nacimientos.

Los jóvenes tenemos una oportunidad sin igual de revitalizar y lograr renacer nuestra sociedad, santificando nuestra relación mediante el sacramento del matrimonio, y hacerlo fecundo: celebrando el “don de la vida”, el cual recibimos y estamos llamados a transmitir.

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