Opinión Laicos

Reflexionar antes del Año Nuevo

¿Queremos cambios reales en nosotros y en nuestro alrededor? Entonces este año nuevo 2021 es una oportunidad para cambiar lo que haya cambiar, sabiendo que el único que puede hacer nuevas todas las cosas es Jesús.

Roquel Cárdenas

Muchos han cifrado sus esperanzas en el tiempo, porque piensan que al venir un nuevo año los “males” del año anterior van a desaparecer. Dice el filósofo que el tiempo es la medida del cambio. Nosotros somos seres contingentes, nuestra vida está envuelta en el cambio, pueden ser casuales por fuerzas externas a nosotros o como consecuencia de nuestros comportamientos. Muchos los clasificamos como buenos o malos de acuerdo con nuestra percepción de ellos.

De allí surge para nosotros la experiencia de la distorsión de la percepción del tiempo.  Este fenómeno psicológico se da cuándo en diversas circunstancias, el tiempo parece transcurrir muy aprisa o mucho más lento.  Recordemos alguna circunstancia en la que estamos en una sala de espera y probablemente dos horas nos parece una eternidad.  Pero en otras circunstancias, dos horas parece que fueron apenas un breve instante.

Esto también nos puede ocurrir en el transcurrir de nuestra vida. Es probable que nos ocupemos en tantas cosas, que la vida se nos vaya como agua en medio de los dedos, o pensamos que la vida es una carga insoportable y lamentamos cada instante de nuestra existencia. En cualquiera de las situaciones es posible que no hacemos un alto para meditar en los grandes interrogantes de la vida: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿hacia dónde me dirijo?  Lamentablemente hoy en día la sociedad de consumo nos sumerge en un estilo de vida que busca sumergirnos en lo superficial.  Se promueve que detenerse un momento a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra existencia, es una pérdida de tiempo. Es como pretender hacer castillos en el aire que no aportan ningún beneficio práctico.

Nos ocupemos en tantas cosas, que la vida se nos puede ir como agua en medio de los dedos.

Pienso que, por eso, en el tiempo presente, tiene plena vigencia la advertencia que nos hace San Pablo: «Tengan en cuenta el momento en que viven. Porque es ya hora de levantarse del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe”, Romanos 13,11. 

Vivimos en la cultura de lo inmediato, de la comida rápida, el servicio a domicilio, las redes sociales, la cultura de la imagen, de las frases cortas en la que hay que decirlo todo en una oración. Frente a este escenario deshumanizado es probable que nuestra vida transcurra de manera distraída sin afincar nuestro ser en la realidad. Ante esto, el Apóstol nos advierte que el tiempo es corto y que debemos sosegarnos y empezar a desapegarnos de las cosas que no nos dejan pensar claramente.

El Papa Francisco lo expresa de la siguiente forma: “La esperanza es vivir en tensión, siempre, sabiendo que no podemos hacer el nido aquí: la vida del cristiano está «en tensión hacia». Si un cristiano pierde esta perspectiva, su vida se vuelve estática y las cosas que no se mueven se corrompen. Pensemos en el agua: cuando el agua está quieta, no corre, no se mueve, se corrompe. Al cristiano que no es capaz de estar en tensión hacia la otra orilla, le falta algo: terminará corrupto. Para él, la vida cristiana será una doctrina filosófica, la vivirá así, dirá que es fe, pero sin esperanza no lo es”, Homilía del Papa Francisco Capilla Santa Marta 29 octubre 2019.

¿Queremos cambios reales en nosotros y en nuestro alrededor?  Si la respuesta es sí, entonces este año nuevo 2021 es una oportunidad para superar la visión ingenua de que el cambio de año va a traer cosas nuevas, porque el único que puede hacer nuevas todas las cosas es Jesús.

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas”,      Apocalipsis 21, 5.

 

Artículo anterior

Una ventana entre la vida y la Biblia – la creación de la humanidad

Siguiente artículo

En la familia, que el perdón sea clave para toda la vida