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“Renovemos nuestra alma para experimentar la novedad de Dios”, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.

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La Iglesia nos da la gracia de celebrar hoy la fiesta del diácono y mártir San Lorenzo, y el Evangelio hace sintonía con lo que fue su vida, especialmente responsable de cuidar de los bienes de la Iglesia y de los pobres, o sea las almas, alimentadas con los bienes espirituales, especialmente, la Eucaristía y la Palabra de Dios.

Y es que los pobres son otros bienes preciosos de la Iglesia, que desprovistos de sus bienes necesitan ser cuidados por todos nosotros, porque Jesús que está en la Eucaristía está en la Palabra, está en los pobres. 

Al explicar el Evangelio, dijo que el grano que cae por tierra y no muere, pero queda solo, sigue solo un grano de trigo. Sin embargo, aquel grano que tiramos en la tierra al morir, es decir, va a ser fecundado y producirá frutos en abundancia.

Señaló que es necesario morir para sí mismo a cada día, para que el otro viva, y seamos vida en la vida del otro, porque necesitamos morir, para que nosotros mismos podamos dar valor y sentido a nuestra propia vida.

Recomendó que no nos conformemos en ser lo que somos, por el contrario, vayamos muriendo cada día para ser mejores, y desde esta perspectiva de servicio podemos entender la misión, noble y pesada de los abogados, de consagrarse al servicio de la justicia y del bien común con el llamado constante a que los derechos de las personas y especialmente de los más vulnerables sean respetados y garantizados. 

Dirigiéndose a los abogados presentes, en la Eucaristía de hoy lunes 10 de agosto, un día después del Día del Abogado, el Arzobispo reconoció el momento histórico que vive la justicia panameña, y que como profesionales han de ser los gestores de la promoción y mejoramiento de la administración de justicia, al igual que han de procurar la constante y correcta aplicación del derecho, y se comprometió a orar para que puedan seguir cumpliendo con fidelidad su misión.

“Pedimos al Señor les infunda el entusiasmo necesario, para que los abogados panameños puedan cumplir con su misión, que será el mejor homenaje a nuestros ancestros, próceres y mártires patriotas, que nos soñaron como nación significando así, el más permanente y trascendente legado a las futuras generaciones”, acotó.

Asimismo, pidió la intercesión de San Lorenzo y, sobre todo, de San Ivo, el abogado santo jurista que muchos países lo tienen como Patrono que se dedicó a proteger a los huérfanos, a defender a los más pobres y a administrar la justicia con tal imparcialidad y bondad, ganando el título de «Abogado de los pobres». 

 

A continuación, el texto completo de la Homilía de Monseñor Ulloa desde la Capilla del Seminario Mayor San José.

Homilía Conmemoración Día del Abogado

Renovemos nuestra alma para experimentar la novedad de Dios

“Les aseguro que, si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).

La Iglesia nos da la gracia de celebrarnos, hoy, la fiesta del diáconos y mártir San Lorenzo. El Evangelio hace sintonía con lo que fue la vida de San Lorenzo, diacono y mártir. Él, en los nacimientos de la Iglesia, tuvo la gracia de, por el siglo III, dar su vida en favor de la Iglesia y del Evangelio.

Por su ministerio diaconal estaba especialmente responsable de cuidar de los bienes de la Iglesia y de los pobres, porque los bienes de la Iglesia son las almas, y las almas son alimentadas con los bienes espirituales, especialmente, la Eucaristía y la Palabra de Dios.

Los pobres son otros bienes preciosos de la Iglesia, los pobres que son desprovisto de sus bienes necesitan ser cuidados por todos nosotros, porque Jesús que está en la Eucaristía está en la Palabra, está en los pobres. Es con ese espíritu que el diácono San Lorenzo cuidaba, con todo amor, de las necesidades de los más pobres y sufridos.

Cuando el Evangelio dijo que el grano que cae por tierra y no muere, pero queda solo, sigue solo un grano de trigo. Sin embargo, aquel grano que tiramos en la tierra al morir, es decir, va a ser fecundado y producirá frutos en abundancia.

El alma que no se renueva atrofia y no experimenta el amor de Dios a cada día

Es necesario morir para sí mismo a cada día, es necesario morir para que el otro viva. Para que seamos vida en la vida del otro, necesitamos morir, para que nosotros mismos podamos dar valor y sentido a nuestra propia vida.

Florecen en nuestra vida los valores contrarios, que no son valores de la vida: el egoísmo, el orgullo, la soberbia, la envidia. Necesitamos morir para el hombre viejo que está impregnado en nosotros para que el hombre nuevo pueda venir.

No nos conformemos en ser lo que somos, por el contrario, vayamos muriendo cada día para ser mejores. Nada de depreciación y desvalorización. Un atleta se esfuerza cada día para ser cada vez mejor, y como ello va muriendo muere para sí mismo, en la dedicación, en el esfuerzo, en la lucha, en el combate, en el despertar temprano, en todas las actividades que hace.

¿Qué actividades debemos hacer con nuestra alma, con nuestro espíritu y con nuestro corazón para ser mejores cada día? Así como el atleta que no entrena atrofia sus miembros, su cuerpo, y va perdiendo toda su agilidad y habilidad, el alma que no se renueva se atrofia y no experimenta la novedad de Dios a cada día.

Trabajemos con dedicación para ser nuevos y renovados a cada día en la presencia de Dios.

Desde esta perspectiva de servicio podemos entender vuestra misión, noble y pesada, que pide consagrarse al servicio de la justicia y del bien común, con el llamado constante a que los derechos de las personas y especialmente de los más vulnerables sean respetados y garantizados.

Desde esta perspectiva han de ser siempre conscientes que con vuestra profesión se ayudan a que los Estados no renuncien a su más excelsa y primaria función: hacerse cargo del bien común de su pueblo. Pues cuando falta una acción apropiada de los poderes públicos en lo económico, lo político o lo cultural, se produce entre los ciudadanos, sobre todo en nuestra época, un mayor número de desigualdades en sectores cada vez más amplios, resultando así que los derechos y deberes de la persona humana carecen de toda eficacia práctica» (Carta enc. Pacem in terris, 63).

Por eso cuán importante es estimular que, desde el inicio de la formación profesional, los operadores jurídicos puedan hacerlo en contacto real con las realidades a las que un día servirán, conociéndolas de primera mano y comprendiendo las injusticias por las que un ía tendrán que actuar. (DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN LA CUMBRE DE JUECES PANAMERICANOS SOBRE DERECHOS SOCIALES Y DOCTRINA FRANCISCANA, Casina Pío IV martes, 4 de junio de 2019).

Creo oportuno recordar en ese sentido, que desde el mes de agosto de 2017, gracias a la iniciativa del Dr. Carlos Pedrechi, con aprobación del Rector Juan Planells, y del entonces Decano de la Facultad de Derecho, Dr. Harley Mitchell, se aprobó una iniciativa de la cual, la USMA no entrega a ningún graduando de Derecho el diploma de licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, si éste previamente no califica para recibir el Diploma de Idoneidad Ética y Moral

Tanto el Decálogo del abogado, como el Diploma de Idoneidad Ética y Moral, fueron redactados por el Dr. Carlos Pedrechi, así como el Decálogo de los jueces, incorporado ya al pensum de la facultad.  A propósito, acompaño carta de una alta autoridad de El Vaticano, felicitándome por estos aportes.

Hasta donde conozco, son pocas las universidades del mundo exigen el Diploma de Idoneidad Ética y Moral, como prerrequisito para otorgar el diploma de licenciado en Derecho y Ciencias Políticas.

Reconocemos que en el momento histórico que vive la justicia panameña, ustedes como colegio han de ser los gestores de la promoción y mejoramiento de la administración de justicia, al igual que han de procurar la constante y correcta aplicación del derecho.  Por eso hoy queremos orar para que puedan seguir cumpliendo con fidelidad su misión.

Contribuir a la orientación de la sociedad, para que cuando tengamos que escoger entre el Derecho y la Justicia sepamos discernir para privilegiar siempre la Verdad.

El abogado no solo debe abogar en un pleito sino ser esa guía orientadora, que evite el pleito. Es fundamental que recuperemos la Ética como un valor tan esencial como el conocimiento. ¡Vivimos en una sociedad muy fragmentada y de qué nos sirve dominar las leyes que están escritas por los hombres si olvidamos las leyes naturales escritas por DIOS!

¡En todo esto, el abogado está al servicio de la verdad, la justicia y de la mano de la ley debe ser útil!

Recuerden que la paz de un país depende de ustedes, si la justicia no es equilibrada el pueblo toma sus decisiones.

Pedimos al Señor les infunda el entusiasmo necesario, para que los abogados panameños puedan cumplir con su misión, que será el mejor homenaje a nuestros ancestros, próceres y mártires patriotas, que nos soñaron como nación significando así, el más permanente y trascendente legado a las futuras generaciones. 

En un encuentro con juristas, el Papa Francisco expresó: “ustedes abogados, juristas tienen un rol esencial; permítanme que les diga que también son poetas, son poetas sociales cuando no tienen miedo «a ser protagonistas en la transformación del sistema judicial basado en el valor, en la justicia y en la primacía de la dignidad de la persona humana» [3] sobre cualquier otro tipo de interés o justificación. Quisiera terminar diciéndoles: «Felices los que tienen hambre y sed de justicia; felices los que trabajan por la paz» (Mt 5,6.9).

Pedimos hoy la intercesión de San Lorenzo y, sobre todo, de San Ivo, el abogado santo al cual el jurista de muchos países tiene como Patrono.

Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de París, y allí dirigido por famosos profesores de derecho, obtuvo su doctorado como abogado. Al volver a su tierra natal (Bretaña) fue nombrado juez del tribunal y en el ejercicio de su cargo se dedicó a proteger a los huérfanos, a defender a los más pobres y a administrar la justicia con tal imparcialidad y bondad, que aun aquellos a quienes tenía que decretar castigos, lo seguían amando y estimando.

Su gran bondad le ganó el título de «Abogado de los pobres». No contento con ayudar a los que vivían en su región, se trasladaba a otras provincias a defender a los que no tenían con qué pagar un abogado, y a menudo pagaba los gastos que los pobres tenían que hacer para poder defender sus derechos.

Visitaba las cárceles y llevaba regalos a los presos y les hacía gratuitamente memoriales de defensa a los que no podían conseguirse un abogado. En aquel tiempo los que querían ganar un pleito los llevaban costosos regalos a los jueces.

San Ivo no aceptó jamás ni el más pequeño regalo de ninguno de sus clientes, porque no quería dejarse comprar ni inclinarse con parcialidad hacia ninguno.

 Cuando le llevaban un pleito, él se esmeraba por tratar de obtener que los dos litigantes arreglaran todo amigablemente en privado, sin tener que hacerlo por medio de demandas públicas. Así obtuvo que muchos litigantes terminaran siendo amigos y se evitaran los grandes gastos que les podían ocasionar los pleitos judiciales.

12 mandamientos de los Abogados San Ivo

-Ningún abogado aceptará la defensa de casos injustos, porque son perniciosos a la conciencia y al decoro.

-El abogado no debe cargar al cliente con gastos exagerados.

-Ningún abogado debe defender ningún caso valiéndose de medios ilícitos o injustos.

-Debe tratar justamente los casos de todos los clientes como si fueran casos propios

-No debe ahorrar trabajo ni tiempo para obtener el triunfo del caso que le ha sido encomendado.

-Ningún abogado debe aceptar más querellas de las que su tiempo disponible le permita.

-El abogado debe amar la justicia y la honradez tanto como a las propias niñas de sus ojos.

-La demora y la negligencia de un abogado causan a menudo perjuicio al cliente, y cuando esto acontece, el abogado debe indemnizar al cliente.

-Si un abogado pierde un caso debido a su negligencia, debe recompensar debidamente al cliente perjudicado.

-Para hacer una buena defensa, el abogado debe ser verídico, sincero y lógico.

-El abogado debe pedir ayuda a Dios en sus defensas, pues Dios es el primer protector de la justicia.

-Los principales requisitos de un abogado son: sabiduría, estudio, diligencia, verdad, fidelidad y sentido de justicia.

Decálogo de Jueces Dr. Carlos Pedrechi

-No pueden administrar Justicia… repito…” “no pueden administrar justicia.

-Quienes ignoran que es la justicia la que está por encima del proceso y nunca el proceso por encima de la justicia.

-Quienes ignoran que la justicia tiene el valor y la importancia de un fin y el proceso la importancia y el valor de un simple medio.

-Quienes ignoran el precepto constitucional, que literalmente dice: “El objeto del proceso es el reconocimiento de los derechos consagrados en la ley sustantiva” y no a la inversa, esto es “el objeto de la justicia es el reconocimiento de los derechos procesales”

-Quienes ignoran la importancia y el valor de la certeza del castigo.

-Quienes ignoran que lo principal es siempre más importante que lo secundario y no adivinan en el litigio que dirimen dónde está lo principal y dónde lo secundario.

-Quienes aceptan el cargo de Magistrados y Jueces y las obligaciones inherentes a los mismos y cuando confrontan un caso delicado se hacen reemplazar por sus suplentes, por razones que sólo ellos conocen, pero que toda la sociedad sospecha.

-Quienes hacen del debido proceso una suerte de deidad, para usarlo como una cortina de humo y una excusa para omitir el cumplimiento de la obligación principal, que no es otra que la de decidir cada caso en el fondo y no precisamente en la forma.

-Quienes realmente no entienden el oficio porque nunca tuvieron vocación ni disposición natural para el mismo.

-Quienes no se respetan a sí mismos, ni el nombre que legarán a sus descendientes.

-Finalmente, los débiles, temerosos y sobornables, independientemente de que tengan vocación y gran cultura jurídica”.

 PANAMÁ, acatemos las normas que nuestras autoridades han implementado. Por ti, por los tuyos, por Panamá -Quédate en casa.

† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

 

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