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Seamos misericordiosos

Esta ha de ser una semana de total misericordia, de entrega a los demás pero, principalmente a aquellos que no son de nuestro círculo.

Podemos empezar por quienes no asisten al templo, a ninguno, esos que, inclusive, son fervientes en decir que no creen en nada ni en nadie, ni siquiera en Dios.

Nos corresponde abrir los brazos y corazones a esas personas que viven alejadas de la luz, en su gran mayoría porque la luz no ha ido a ellos a través de quienes nos decimos cristianos.

También están los alejados doctrinalmente, es decir, quienes profesan otra fe que no es la católica. Servirle en sus necesidades materiales y espirituales nos hace verdaderos discípulos y misioneros de Jesús de Nazaret.

Esta ha de ser una semana llena de trabajo, de acompañamiento, de consejo, pero también de servicio en silencio, con la sola presencia, para que nuestros hermanos estén mejor y sientan que el Señor está con ellos y les ama.

No miremos su condición social o si son de un movimiento apostólico diferente, o de otra parroquia u otra religión. Mejor si en nuestras vidas se cruza alguien que no profesa religión. Ese, más que ningún otro, necesita del acompañamiento y el cariño de Jesucristo.

Tal vez los cristianos estemos demasiado convencidos de que sólo «los de dentro», los de la comunidad, «los católicos», o «los de la parroquia»… somos los que adoptamos los mejores comportamientos. Debemos convencernos de que hay gente mucho mejor fuera de nuestros círculos, incluso en otras parroquias y movimiento apostólicos, y hasta en otras religiones, incluso entre quienes dicen que «no creen». 

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