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Testimonios aleccionadores y llenos de esperanza

Pocas semanas han pasado desde la visita del Sumo Pontífice en el marco de la JMJ, encuentro en el cual se vivieron momentos que quedaron marcados en el alma de quienes tuvieron la oportunidad de cruzar miradas y palabras con el Santo Padre.

Entre esas historias de redención se encuentran la de dos jóvenes que residen en la Casa Hogar El Buen Samaritano, quienes al igual que en la parábola, fueron encontrados en el camino, lastimados por el desprecio y la enfermedad, pero  fueron abrazados por el amor de Dios.

Raúl y Dionel nos cuentan su historia en primera persona sobre cómo su vida que dictaminaba un final desolador, pasó a  tener un porvenir lleno de pro-pósitos, siendo uno de esos momentos el encuentro con el papa Francisco.

“Un nuevo hombre”, Raúl

Llegué en 2016 desde la co-marca Ngäbe – Buglé.  Mi di-versión era la cerveza, la borrachera. Yo no estaba bautizado y los que me hablaron en esos tiempos, eran los testigos de Jehová, pero sentía que era perder el tiempo.

Me empezaron los síntomas. Quedé respirando a través del tubo de una máquina; me tranqué y me colocaron sondas,  mi hemoglobina bajó a 5, todo lo que comía lo vomitaba, ya estaba en etapa SIDA. Quedé inválido.

Yo lloraba y nadie me visitaba, ni mi familia. Mis amigos con los que compartían en la cantina me dieron la espalda.

No sé si fue producto de las medicinas, pero vi en una recaí-da  una luz, me observé como en una película, caminando entre lava. Vi a Jesús y María, y me dijeron si quieres vivir, tienes que morir, tú puedes ser santo,  mostrándome una corona.

A mi lado escuchaba una voz que decía: él no puede entrar en la luz,  tiene muchos pecados.  Yo estaba solo, la persona que compartía cuarto conmigo, había muerto, fue en la Sala 6 del Seguro Social.

Al tiempo, ingresé a la Casa Hogar, cuando llegué aquí me empezaron hablar, todos los días se hace la reflexión de la Palabra, allí te van enseñando qué es la vida, te hablan de la enfermedad, uno pide ayuda a Dios y sale adelante.

Para ese momento me vino la idea de bautizarme. Pensé, ¿si recaigo y no me he bautizado, el día que muera para dónde voy, si no me he arrepentido? Me bauticé, y me hablaron de morir al hombre viejo, y fui creatura nueva, como me dijeron en el sueño. Poquito a poco estoy logrando levantarme.

Cuando me dieron la noticia de que iba a llegar el Papa a la Casa Hogar Buen Samaritano,  me pregunté si era verdad.  Tú lo ves en la televisión en el Vaticano, y hay millones de personas que quieren estar cerca, te pellizcas para ver si es verdad. Primerito me dio la mano a mí y después  a mis compañeros, y me quedaba mirándolo.

Fue una bendición, el Santo Padre mandó un mensaje para el mundo entero, porque mu-chas veces la gente no quiere ir por ejemplo a la cárcel, porque piensan que son culpables, y señalan.  Tampoco a lugares como este, y dicen que lo que están ahí son sidosos, prostitutas y homosexuales.

El Papa nos dio la mano sin tener miedo de que se le pegue la enfermedad, como lo hizo Jesús con los leprosos.

Dios tiene misericordia, lo único es que hay que buscar más de Él y arrepentirse.

“Esperanzado en mejores días”, Dionel

Yo pensé que no tenía esperanza por el VIH, pero gracias a Dios, encontré una doctora y llegué a la Casa Hogar Buen Samaritano.  Cuando entré aprendí mucho, he superado mucho psicológicamente y en salud.

Cuando llegó el Papa a Panamá me sentía  feliz, yo lo escuchaba en la radio, nunca pensé que  lo iba conocer, pero llegó ese momento, el Santo Padre estaba aquí.

Para el momento de la visita al Buen Samaritano ya yo no co-mía, todo era vómito y diarrea,  cuando él se despedía me acerqué porque le iba a entregar una Virgen que habían pintado en la  Casa, el me tocó el estómago.

El Papa me dijo estas palabras: deja lo pasado, vive lo presente, perdona, ama a unos y a los otros y vive en paz.

Después de eso, se me quitó la opresión que tenía, lloré, el psicólogo se me acercó, me regresó el apetito y pedí comida.

Dios me envío a alguien y esa bendición yo tengo que cuidarla. Día y noche yo  recuerdo esa lección.  La lección es que Dios nos ama, sea como seas.

Dios me ha dado una oportunidad para seguir luchando y para llevar un mensaje  a los jóvenes de la comarca de cómo cuidarse para evitar el VIH y de tener fe en Dios.

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