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Tolerancia Cero para los casos de abusos que corroen nuestra Iglesia

En una carta pública sin precedentes, el Santo Padre expresó que la Iglesia Católica reconoce y condena “con vergüenza y arrepentimiento” los abusos sexuales y “atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables”.

Esta comunicación abierta dirigida al pueblo de Dios, fue emitida el pasado 20 de agosto, tras la revelación de abusos sexuales cometidos en Pennsylvania por parte de más de 300 sacerdotes durante décadas.

Aunque no es la primera vez que el Papa habla sobre el tema, este mensaje en particular ha traído diferentes reacciones compartidas por todos los medios, sobre todo en las redes sociales.

Para algunas personas, incluso parte de las víctimas, su mensaje ha sido considerado insuficiente. Otros exigen al Vaticano una respuesta concreta sobre qué harán para que los culpables rindan cuentas por sus acciones.

El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Panameña hizo pública su adhesión a lo expresado por el Vicario de Cristo, en su carta en la que señala, que “urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad” para evitar el abuso sexual.

El Papa reconoce que no actuaron a tiempo considerando la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Destaca también los esfuerzos que se vienen realizando en la implementación de la “Tolerancia Cero” y los modos de rendir cuentas por par-te de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos.

El sacerdote Juan Solís especialista en Derecho Canónico y Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico de Panamá, aclara que la Iglesia no necesita nuevos mecanismos para detener esta situación de abusos de menores.

“Las herramientas están dadas, solo hay que aplicarlas”.

“El gran problema sucede cuando los Obispos no actúan como deben actuar, o simplemente no actúan, no hacen la investigación y no siguen los pasos correspondientes” señala Solís.

Explica que el Código de Derecho Canónico, en su canon 1717 dice que siempre que el Ordinario (Obispo) “tenga noticia, al menos verosímil, de un delito, debe investigar con cautela, personal-mente o por medio de una persona idónea, sobre los hechos y sus circunstancias así como sobre la imputabilidad, a no ser que esta investigación parezca del todo superflua”.

Para Solís este tipo de crímenes puede detenerse a tiempo. “Si se actúa inmediatamente seguramente no se llega a los desastres que estamos viviendo. No podemos continuar en esta situación, somos una institución moral y aquí los obispos deben poner mano dura” dijo.

Recordó que Panamá cuenta con el manual: “Protegiendo Nuestro Tesoro”, este contempla as líneas guías para tratar los casos de abuso sexual de menores cometidos por clérigos o religiosos, en atención a lo establecido por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Esta guía asegura el bien común de los fieles y, especialmente la protección de los niños y de los jóvenes; frente al deber de dar una respuesta adecuada a los eventuales ciones para prevenir situaciones como estas.

Recuerda la exhortación Evangeli Gaudium en la que el Santo Padre señala en el numeral 107 que no se puede llenar los seminarios de una cantidad de jóvenes con cualquier tipo de motivaciones. Y menos si estas se relacionan con inseguridades afectivas, bienestar económico, poder, es decir motivaciones que no están de acuerdo al Evangelio.

“Al equipo de formadores nos toca ayudar grandemente en discernir cuáles de esos jóvenes tienen motivaciones reales, los seminaristas empiezan su proceso vocacional en el propedéutico en el primer año del seminario” afirmó el Rector.

Para el P. Santiago todos somos responsables de la formación de los futuros sacerdotes. Desde los Obispos, los formadores, la familia, las parroquias, debemos recibirles, acogerlos y acompañarles en esa tarea.

Todos los cristianos estamos llamados a rendir cuentas de nuestra vida y también de ayudar a otros que también deben rendir cuentas. Debemos cuidarnos los unos a los otros; las víctimas y victimarios vienen de nuestras familias, ocupémonos de fortalecerlas en valores. “Es necesario entender, que no nacemos siendo sacerdotes, nos hacemos pastores por un don gratuito de parte de Dios” aseguró Benítez.

Por su parte el padre Luis Núñez, especialista en Derecho Canónico y también formador del Seminario Mayor San José, manifiesta que “el seminarista, tan igual como el casos; instituir procedimientos tanto para asistir a las víctimas como para la formación de la comunidad eclesial.

Recta intención para ser sacerdote.

El sacerdote Santiago Benítez, rector del Seminario Mayor San José señala que desde los seminarios también se toman sus acciones para prevenir situaciones como estas.

Recuerda la exhortación Evangeli Gaudium en la que el Santo Padre señala en el numeral 107 que no se puede llenar los seminarios de una cantidad de jóvenes con cualquier tipo de motivaciones. Y menos si estas se relacionan con inseguridades afectivas, bienestar económico, poder, es decir motivaciones que no están de acuerdo al Evangelio.

“Al equipo de formadores nos toca ayudar grandemente en discernir cuáles de esos jóvenes tienen motivaciones reales, los seminaristas empiezan su proceso vocacional en el propedéutico en el primer año del seminario” afirmó el Rector.

Para el P. Santiago todos somos responsables de la formación de los futuros sacerdotes. Desde los Obispos, los formadores, la familia, las parroquias, debemos recibirles, acogerlos y acompañarles en esa tarea.

Todos los cristianos estamos llamados a rendir cuentas de nuestra vida y también de ayudar a otros que también deben rendir cuentas. Debemos cuidarnos los unos a los otros; las víctimas y victimarios vienen de nuestras familias, ocupémonos de fortalecerlas en valores. “Es necesario entender, que no nacemos siendo sacerdotes, nos hacemos pastores por un don gratuito de parte de Dios” aseguró Benítez.

Por su parte el padre Luis Núñez, especialista en Derecho Canónico y también formador del Seminario Mayor San José, manifiesta que “el seminarista, tan igual como el que va a casarse debe tener la recta intención de ser como Cristo, el Buen Pastor”. En ocho años de formación deben estar claros de su misión que será acompañar, ayudar y perdonar a las personas en nombre de Jesús. Agrega que de evaluarse los casos de abusos de menores en el mundo, la mayoría de estos, en su época fueron seminaristas que ocultaron cosas que les pasaban desde sus años de formación, lamentablemente no dejaron que los ayudaran, mintieron y fueron ordenados como sacerdotes.

“Podemos tener el mejor equipo de formadores y psicólogos pero si han mentido, luego todo esto explota”, dijo Núñez.

El P. Juan Solís fue enfático al señalar que en los seminarios deben ser más estrictos en la formación doctrinal, pastoral, pero sobre todo espiritual. “Las familias deben ser semilleros de vocaciones, enfocadas en Cristo Jesús”, reitera que el sacerdote debe salir configurado con el mismo Jesús”.

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